Por Esteban Morales Gallardo
Éste Que Vez (Alfaguara, 2007) Xavier Velasco
Es una de esas historias en donde una hace un raconto mental comparando tu propia historia con la del protagonista. Trata de un autorrelato sobre aquellas imágenes que van desde la niñez hasta el tiempo presente, perdiéndose en hitos personales que forjan la identidad de cualquier sujeto.
Desde el inicio, rescata lo fundamental que es la etapa infantil para cada una de las biografías personales, tomando esta etapa de la vida como un eje desde el cual rotan las futuras sensaciones como el miedo, las ilusiones y, hasta cierto punto, como vivimos la inocencia, exacerbando cada elemento pues, desde la pequeñez de la infancia, todo siempre parece más abultado de lo que finalmente nos parece ahora.
Personalmente, el relato me parece uno de esos que, por momentos, te hace dejar de leer y mirar algún punto por fuera del marco de la ventana, recordando aquellos momentos en que captabas, sin obstinación, el presente desde un futuro que va volviéndose hacia la actualidad. En resumen, lo que hace el autor es explicar, sin las pomposas perfecciones de otros escritores, etapas de la vida con memoria selectiva y ciertas omisiones que cualquier persona tendría si relata sus propias experiencias.
El Futuro (Seix Barral, 2003) Gonzalo Garcés
Esta narración, hablada casi completamente en idioma “chileno” y comienza con la visita de Miguel a su hijo Joaquín en Paris, donde se suceden indeterminadas tribulaciones en la relación del padre con su hijo, visión desde la cual se articula este relato.
Situándose en el padre, un tipo ególatra, obstinado, solitario y muy imperfecto, éste cree poder recrear esa antigua vida que tenía mientras visitaba a sus viejos amigos. Durante este proceso, estúpidamente, se enamora de la esposa de su hijo, mientras en el escenario se desarrolla una importante huelga que conspira indirectamente con la falta de sensatez que identificará a cualquier persona que crea que, con solo el paso del tiempo, las cosas cambiarán.
El autor grafica la perfección de las imperfecciones con bastante lucidez y muy bien escrito, siendo un libro bastante entretenido para matar la rutina y adentrarse en las profundidades de una persona tan insegura como cualquiera de nosotros la cual, en la medida en que nos identifiquemos con tan extraño protagonista, tendríamos que mirarnos a nosotros mismos e intentar cambiar, desenmarcándonos lo más posible de él, remontando la pendiente.
Formas de Volver a Casa (Anagrama, 2011) Alejandro Zambra
Los que tuvimos la suerte de tener clases con este gran narrador chileno, sabemos el especial énfasis que le da a determinados detalles que, muchas veces, escapan a la luz de cualquier persona, incluyéndome. Formas de Volver a Casa, representa uno de esos casos: habla de aquella generación que fue el colgajo de los conflictos que la dictadura chilena durante los años ochenta y, de alguna manera, producto de las rencillas entre cómplices o enemigos de la dictadura.
Su temática se desenvuelve en una bifurcación de dos narraciones: en la primera la visión de un niño, con su particular cosmovisión, que ve con esa especial inocencia los hechos que se ven en un Chile sumido en la dictadura neoliberal de Pinochet. La segunda, en cambio, es la mirada de una persona grande que, desde una visión de “observador-participante”, describe a ese niño, dando su visión opinión desde la actualidad de “la razón” que implicaría ser un adulto construido a partir de ciertos hechos particulares.
Es una novela que, tal como creo que resuelve el autor, le da una especial complejidad a ciertos elementos simples, de la vida cotidiana, escribiendo muy bien y siendo capaz de iluminar aquellos recovecos perdidos, logrando que éste sea un libro escrito desde la historia personal lo cual, en cierta medida, considera la construcción de la memoria colectiva de los hijos de la dictadura militar.
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