Por Valeria Tellechea y Analía Daniela López
No me llores, no, no me llores no;.porque si lloras yo peno,.en cambio si tú me cantas, mi vida,..yo siempre vivo, yo nunca muero...
La martiniana, Lila Downs
Para ser un buen vino todo depende de la edad de la ciruela, ¿cuál es la mejor edad? ¿Cuál es nuestra mejor edad? En un escenario austero, Sandra Posadino y Claudia Quiroga, pertenecientes al grupo teatral “Las chicas de Blanco”, a través de este clásico de Arístides Vargas intentan descifrar y desenmascarar los entramados del tiempo, que no es más que el mismo devenir de la vida y de sus edades.
La infancia se vuelve entonces en el punto de partida para narrar una historia con dos protagonistas, dos hermanas con personalidades disímiles, marcadas por esos primeros años de juegos infantiles, mezcla de realidad y fantasía, en una gran casona habitada solo por mujeres. El camino y llegada hacia la adultez se transforma en un cuestionamiento, donde la edad de la ciruela sirve como metáfora de eso que pudieron ser y no fueron, de lo que llegaron a ser pero no están conformes o aquello que otros decidieron por ellas. ¿Había opciones? ¿hasta dónde la vida les fue condicionada y hasta dónde se dejaron condicionar?
Un lecho vacío las obligará a pensarse y a ver esa realidad que las invade, en esta edad, por todos lados, esa soledad que aparecerá por cada rendija de la puerta agriando sus mañanas. Mientras tanto, entre luchas, recuerdos y olvidos, deciden cuál destino es mejor para la ciruela pues el tiempo sigue su curso, como paso inevitable hacia la muerte, buscando desesperadamente la felicidad, pues el tiempo y la historia, en esta obra, tiene un solo propósito: librarse de ellos.
Se puede ver la obra en Patio de Actores, Lerma 568, CABA. Reservas al 4772-9732/ 8 únicas funciones/ Domingos de septiembre y octubre a las 17 hs.









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