Desahogo poético

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Poesía: Colaboración desde Puerto Rico

 

El grupo de mujeres se reúne cada sábado para hacer poesía.

Por Némesis Mora Pérez (*)

 

En el grupo hay afros, cabellos dorados, canas a medias, canas completas, mechones color carmesí y melenas azabache. Hay abogadas, empresarias, CPA, farmacéuticas y psicólogas y sus edades rondan entre los 20 a los 70 años y se conocieron hace aproximadamente cuatro semanas en un colectivo de mujeres escritoras que buscan a través de la poesía, desahogarse.

Mayra Santos Febres es la tallerista del espacio literario en el cual se reúnen todos los sábados estas diez mujeres.  Se juntan para escribir, soltar, leer poemas y estudiar a sus ancestras.

Es el tercer y penúltimo sábado de taller y Mayra les lanza uno de sus retos:  “Hagamos esto. Pregúntense, ‘¿qué es lo que yo quiero?’ Escriban sobre eso y creen un diálogo entre ustedes mismas. Pongan lo primero que les venga a la mente”, dijo la escritora.

 

Poesía hecha arma

Pasan 15 minutos y una de las participantes se hace voluntaria para leer su poema. Sin darse cuenta, dejó sobre papel más de una década de su vida. Desde la estadía psiquiátrica en el hospital Capestrano hasta los 15 años que lleva viviendo bajo un deprimente régimen matrimonial. Con un esposo que no le da sexo ni apapachos, pero con un amante que la espera: “He encontrado el desahogo aquí. Y qué psicólogo ni qué psicólogo. Yo creo que esto [la escritura] es mejor que nada”, dijo.

Otra lee tímidamente el segundo desahogo literario del taller:  “Eres como la perra que se come su propio vómito”, decía uno de los versos. Luego de leer su poema hecho allí mismo y en menos de media hora, se reía suavecito, pero aliviada por contarlo. “Escribir es como hacer psicoanálisis”, admite ruborizada aún.

Además de ser un espacio donde se reflexiona por medio de la poesía, el taller también es una oportunidad para que el colectivo de mujeres refine y depuren cada verso de sus poemas, de la mano de Santos Febres, y los presenten luego al público del café “Latte que Latte” y “Café-Lab”.

De hecho, se presentan el 30 de junio, a las 7:00 p.m. en “Latte que Latte”.

Sus letras tienen feminismo, libertad, metáforas y muchas emociones envueltas. Escriben sin tapujos.

De sus vidas. Sin mentiras. Lanzan estribillos cargados de un desahogo transparente.

“La voz de nosotras es la voz de muchas. Y cuando nosotras nos presentamos en ‘Latte que Latte y CaféLab’, le estamos abriendo las puertas a otras mujeres para que puedan ver en nosotras ese enganche, para poder dejar salir lo que por muchos años hemos guardado y hemos reprimido por temor del qué dirán. De sentirse sola, de ‘yo soy la única que pasa por esto’. Puñeta, no, no soy la única. Son muchas… Un espacio como este no existe. Las iniciativas que estamos haciendo desde aquí de compartir otras escritoras, otras ancestras, lo que sentimos en un espacio como la poesía”, comentaba una de ellas.

Al finalizar el taller pregunto, ¿qué sería de un Puerto Rico con más espacios como estos y cómo sería la sociedad si este junte de mujeres se diera en cada esquina alrededor de la Isla?

“Esa es la revolución femenina, el día que espacios como este estén en diferentes lugares”, soltó sin disimulo una de las integrantes del taller.

Y es que para ser tan distintas salivan igual por tantas cosas…

Para más información: Si quieres tomar el taller en agosto, comunícate con el colectivo a través del Facebook de Las Ancestras.

 

 

 

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