Colombia o sonreír a ojos cerrados

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Por Laura Charro

Día de lluvia intensa y violenta en Costa Rica o por estos rincones. Y yo con malos humores y un ojo  irritado. Y las heridas de mosquitos ensañados. Día gris en el poblado del sol eterno. Día gris mío. Y extraño la noche cartagenera de ojos negros y ruido de olas invisibles por la oscuridad nocturna que rompen, la brisa casi inexistente y la despedida inmejorable de un país que baila y se ríe y disfruta de todo, siempre.

Se escuchó la lluvia golpear en el techo de chapa toda la madrugada y el resto de la mañana. Y yo que me despierto con todos los ruidos pensaba en lo rápido que nos fuimos, lo lejos que ahora estamos, en ese sol caliente que hoy parece haberse ido, dejándome amanecer sin calor y en los ojos, pero esta vez otros. Colombia, tierra ya lejana. Se llevó mi corazón, ya es todo de ella, repartido y enorme. Y ya no escribo en mi cuaderno. Será que las intensidades bajaron desde que partimos. Será que se apagaron cuando cruzamos la frontera, desde el cielo, por encima del Darien, en plena selva. Será que me conformaré por ahora con recordarla y suspirar. Escuchar las canciones de Totó la Momposina y saberme ahí. Escuchar al CaribeFunk y sonreír a ojos cerrados. Colombia de polleras blancas que se abren, pies descalzos en la arena fría, buses acalorados y música alta, champeta y reggaeton, de salsa caleña y vallenato, de piel en erupción, de ciudades desde lo alto en cable carril, de encuentros, de lágrimas propias y ajenas, de carcajadas y tristezas por causas perdidas y lejanas, de despedidas, de arepa de huevo y queso, de pescado frito y arroz, mucho arroz, de miradas atrevidas e incómodas, de invitaciones nuevas, de realidades duras e invisibles, de pueblo generoso, de inspiración, de todo lo que aún no se extraña, de lo que sorprende vivir. Pasto, Popayán, Cali, Santander de Quilichao, Salento, Manizales, Salamina, Medellín, Guatape, Cartagena de Indias, Islas Barú, Santa Marta, Parque Tayrona, Palomino, la ruta colombiana de estas dos mujeres en viaje, curiosas, de mochilas pesadas al hombro, que también tienen días de añoranza y poco humor. Y seguimos. Aunque en el camino vayamos dejando el corazón. Y por acá ya paró de llover…

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