Por Miralys Sánchez Pupo
La denominación de las mujeres de la capital cubana se extendió bajo el término de Habaneras, ahora convertido en un género musical que las elogió desde sus inicios. Esa denominación quedó plasmada para siempre en la historia en un constante ir y venir entre Cuba y Europa.
La ocasión se presentó en el escenario del café conocido como La Lonja, en 1841, que las colocó como portadoras de la belleza y la admiración que hacia ella sentían quienes llegaron alguna vez a Cuba en el siglo XIX. Se escuchó por vez primera su canto, sobre los decibeles de una contradanza que fue acompañada con versos. Aquella fue la constancia bautismal por la cual había nacido La habanera, género musical propio del país, y que después se conoció como una revelación informativa que apareció en las páginas del periódico La Prensa, bajo su primer título: El amor en el baile.
La habanera nació escrita para voz y piano según cierto esquema rítmico, que en general se usaban en las piezas musicales de contradanzas en el país. Apocopadas por la denominación de danzas habaneras, brillaron con luz propia en el ámbito universal y lograron ser conocidas desde entonces hasta la actualidad como simplemente Habaneras.
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