Resistencias desde el Valle del Cauca

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Por Laura Charro

Santander de Quilichao está ubicada a 45 km al sur de Santiago de Cali, departamento de Valle del Cauca, Colombia. Es una ciudad pequeña pero que tiene una particularidad: es triétnica, formada por comunidades afro, indígenas y mestizas, con más del 80% de población afrocolombiana.

Llegué a la bulliciosa y pequeña terminal una calurosa mañana a fines del mes de julio. Entre vendedores ambulantes y sus pregones de jugos frescos y comidas a la parrilla, con una temperatura ambiente que ya se sentía fuerte en el cuerpo a las nueve de la mañana, pregunté por el Parque Principal de la ciudad. Allí, a solo cinco cuadras de distancia, se estaba realizando una movilización y actividad en contra de la violencia de género y es ahí a donde quería llegar.

La actividad fue organizada por la Fundación Mujer Arte y Vida -Mavi- que con su base en Cali, trabaja desde hace 15 años realizando campañas a favor de los derechos de las mujeres y sus desobediencias vitales, desde un punto de vista feminista no contestatario y con el objetivo de concientizar y festejar la vida desde la danza, la alegría y los colores. Norma Bermúdez, su coordinadora, me cuenta que este año han ganado una licitación nacional para realizar campañas en 57 municipios para visibilizar las violencias que sufren las mujeres y la vulneración de sus derechos, siendo así representantes de las voces de las periferias, tomando las banderas de las resistencias de la región. “Profundizamos, además, en la concientización de los llamados imaginarios culturales que legitiman las violencias tales como, entre otros, que la mujer es propiedad del hombre, que somos inferiores, que la sexualidad femenina es mala o peligrosa, que se justifica la violencia verbal para conquistar, que el alcohol y los vicios son los culpables de los golpes y no el hombre que los ejerce, que las mujeres provocamos y somos las merecedoras de los abusos que sufrimos, que somos malas madres si no estamos pendientes de lxs hijxs, etc.” Estas acciones son acompañadas por capacitaciones dictadas para personal de instituciones del Estado sobre la recepción de denuncias ya que, según Norma, “el andamiaje institucional es bueno, pero las principales barreras son actitudinales: se sigue revictimizando a la mujer o subestimando su denuncia.”

Norma no puede dejar de mencionar entre las problemáticas actuales la guerra interna que aún vive el país, entre guerrillas, paramilitares y el Estado: “la guerra nos ha arrinconado a las mujeres. Se ha retrocedido en libertades y derechos sexuales y reproductivos, hay nuevas servidumbres, esclavitudes sexuales, se trafican mujeres y niñas a cambio de protección”. Si bien hoy estos tres actores protagonistas de la guerra interna en Colombia se encuentran en plena negociación por la paz, en la ciudad de La Habana, esto no ha frenado aún de raíz el conflicto, ni sus consecuencias sociales y culturales que por más de veinte años han instaurado violencias extremas en barrios y ciudades vulnerables. En este contexto se vuelve necesaria y urgente la concientización en toda la población sobre las violencias de género que son naturalizadas e invisibles.

En Santander de Quilichao la gran cantidad de población femenina afro sufre violencias puntuales, viven situaciones de discriminación racial, falta de intervención política e institucional, escasa participación en espacios de decisión, y “el estigma cultural fuerte que sufren por ser de piel negra y que los hombres consideren que tienen licencia para tocarlas, creer que son cuerpos calientes y siempre dispuestas sexualmente”.

La actividad de esa mañana consistió en la firma de un Pacto de No Violencia hacia las mujeres firmado por instituciones del Estado, mujeres y hombres de la sociedad civil, organizado por la Fundación. Además, se planteó como imprescindible el respeto a la ley nacional nº 1257 del año 2008, por medio de la cual se dictan normas de sanción y prevención de las violencias y discriminación hacia las mujeres. La mañana finalizó a puro baile con salsa, merengue, baile afro, tradicional y la nueva “salsa choque”; porque bailar es una forma de liberación del cuerpo y de disfrute y esos son también derechos ganados y por ganar.

Patricia, una de las mujeres en activa participación esa mañana me pide dar un mensaje cuando se entera que ando con mi grabador y soy de Argentina: “las violencias son ejercidas por todos los géneros, pero son importantes las políticas públicas y, sobre todo, la educación en los núcleos familiares para enseñar valores a los niños y niñas, dejar de regalar juguetes violentos y bélicos a los niños y juegos de tacitas y muñecas Barbie a las niñas, ya que generan personalidades débiles y no propician la igualdad de género. La propuesta es enseñar desde los hogares una cultura no machista.” Y yo la grabo y asiento con la cabeza todo lo que dice y le agradezco y me pongo feliz cuando sé que las feministas con nuestros ideales de igualdad y derechos no somos pocas en el mundo, que la lucha es colectiva y desde todos los rincones de Nuestra América.

Blog de viaje: mujerenviaje.wordpress.com

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