Por Analía Daniela López
Subidas en una unidad móvil, Viviana García y Griselda Moreno, recorrieron por 2 años y seis meses toda América Latina con la intención de llevar el audiovisual independiente latinoamericano a aquellos lugares donde comúnmente no suele llegar. Juntas conforman Cine a la Intemperie, un proyecto cultural sin fines de lucro que tiene como misión promover la diversidad cultural y el fortalecimiento de la identidad.
Desde Cine a la Intemperie se tocan temáticas como los derechos humanos, pueblos originarios, medio ambiente y equidad de género. A través de su experiencia, Viviana, fotógrafa y Licenciada en Cine y TV, y Griselda, Licenciada en Comunicación Social, especialista en periodismo y fotógrafa de aventuras y viajes, hacen un recuento de sus vivencias y de cómo ven el avance en la equidad de género en Latinoamérica.
¿Qué tipos de cortos se proyectan para contribuir a la equidad de género? ¿Qué reacciones generan?
Hemos proyectado por ejemplo “Casa de Muñecas”, un cortometraje nicaragüense que habla del embarazo precoz y de sus consecuencias para las niñas entre los 11 y 15 años. Cortometrajes animados, como el argentino “Sexteen” que habla de la prevención del SIDA y los métodos de prevención de embarazos no deseados. Tenemos documentales sobre el empoderamiento de la mujer que hablan de la mujer del campo, de la mujer de la ciudad en sus diferentes dimensiones de superación. Las reacciones siempre han sido muy positivas. Las mujeres terminaban de ver los documentales que les proponíamos y se entusiasmaban con sus proyectos y en las reflexiones animaban a sus compañeras diciendo “si ellas pudieron, nosotras también”. Esos comentarios nos emocionaban mucho y nos confirmaban que en nuestra misión de proyecto estábamos sembrando el ánimo de la acción.
En relación a su experiencia, ¿se avanza hacía una equidad de género en el continente?
Se avanza con mucho tesón y en diferentes estadios. Las mujeres somos una opción de Gobierno desde los años noventa con Chamorro en Nicaragua, Moscoso en Panamá y Arteaga en Ecuador, hasta el nuevo siglo con la chilena Bachelet, la brasilera Rousseff, la costaricence Miranda y nuestra presidenta Fernández de Kirchner.
Por supuesto son varios los parámetros en que la equidad de género ha de medirse, como por ejemplo el número de niñas matriculadas en las escuelas, sobre todo en las rurales, donde las familias con escasos recursos muchas veces eligen mandar al hijo varón a la escuela porque no les alcanza el dinero para la educación de todos sus hijos e hijas. En este sentido, desde nuestro proyecto en algunas instituciones lo hemos podido notar, pero no muy marcadamente.
Por otro lado, las mujeres se animan a realizar actividades que socialmente se impusieron en el imaginario colectivo para los hombres, desde lo artístico a lo deportivo. También se animan a viajar, muchas veces solas, como los hombres lo han hecho desde tiempos inmemoriales. La sola acción de salir de casa para aventurarse al mundo implica un ejemplo y un impulso para otras mujeres a hacerlo. En la misma línea, también desde nuestro proyecto, al tener dos mujeres que lo dirigían, hemos movilizado mucho a nuestro género en los lugares que hemos pasado, sobre todo en los pueblitos, que se conserva mucho la idea de la mujer en la casa y el hombre en el campo.
¿Cómo vieron la situación de las minorías sexuales en los países que recorrieron?
Creemos que si bien han ganado espacios de tolerancia y la flexibilidad de sus leyes en algunas de las grandes ciudades, como Buenos Aires o Cuidad de México, todavía en gran parte de la región se sigue padeciendo graves discriminaciones. Por ejemplo, nos contaban en Nicaragua, uno de los países con mayores índices de pobreza en América Latina y el mundo, que se castigaba la sodomía con la cárcel y que recién en el año 2008 el código penal nicaragüense cambió su redacción y las relaciones homosexuales dejaron de ser ilegales. Por otro lado, en nuestro paso por México nos cruzamos con un proyecto llamado “Condón Móvil” proyecto que informa a la población y la orienta en torno a las Enfermedades de Transmisión Sexual y el SIDA y es llevado adelante desde 1998 por la Asociación Civil Colectivo Sol: son tres travestis quienes reparten condones masculinos y femeninos en diferentes lugares (tantos mexicanos como en otros países) y alientan a la población a efectuarse los análisis de sangre. También entre sus objetivos se trata de una estrategia de alcance para la promoción de los Derechos Humanos de las minorías sexuales.
Estás dos mujeres volverán al camino, con sus ideales y ganas de sembrar a través del cine “una mirada crítica y concebir una conciencia colectiva en torno a cómo percibimos y comprendemos la realidad”, y el ideal final, un cambio, una búsqueda de acción. La ruta es larga pero el pronóstico augura buen tiempo.









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