Por Karina Sosa*
La ESI sigue siendo una deuda en las escuelas. Todavía hay miedos alrededor de la educación sexual, además de un profundo desconocimiento de que existe la Ley Nº 26.150, que hay cuadernillos y materiales para trabajar.
Quizá uno de los primeros obstáculos que aparecen es que da miedo el tema. Claramente no es como enseñar a hacer cuentas o donde quedan los países en un mapa. Cuando hablamos de sexualidad hay temas que son movilizantes y que tocan puntos sensibles de la historia personal. Por eso es que une educador sexual tiene que tener un trabajo sobre la propia historia, tener espacios de reflexión con colegas y seguir formándose. A su vez, esta formación implica tener herramientas de psicología social, clásicos del feminismo, saberes sobre biología, adoptar una postura política… resumiendo, no es de un día para el otro.
Hay que transitar en la práctica el revuelo que se puede armar en una escuela cuando une docente saca un pene de madera para explicar el uso del preservativo… o da su postura política sobre la legalización del aborto.
Durante los talleres de educación sexual con adolescentes es muy común que elles te pregunten sobre tu primera vez, si tomas pastillas anticonceptivas, si de verdad usas preservativos, etc. El punto es que, llegado el momento “difícil” del taller, en donde es el/la misme tallerista el que es puesto en cuestión: “vos que hablas tanto y sabes de esto… ¿cómo vivís? ¿cómo te va?”, poder trabajar con esto implica formación, que cuesta dinero y tiempo.
¿Quién debería ser el garante de la formación de los docentes? Debería ser el Estado. Si bien la ley fue promulgada, hoy no es una realidad en las aulas. La maestra de inicial, de primaria o profesor/ra de secundaria apenas llega a un salario que cubra la canasta familiar. Entonces, en tanto no haya capacitación y el pago correspondiente, la ESI va a seguir siendo solo una ley bonita. Falta decisión política. Hoy en día trabajan en la ESI lxs que militan en la temática, pero son iniciativas individuales, que al momento de llevarlo a la práctica encuentran muchos obstáculos.
Es placentero y es un buen espacio de escucha y de trabajo con jóvenes y se ven muchos resultados y gran necesidad de tener adultes con quienes poder hablar de estos temas. Cuando una comparte con compañeras que están trabajando en el tema generalmente los balances son positivos. Se trabaja muy bien y es bien recibido. Como anécdota, cuento que una vez una mamá de una chica de catorce años, de una escuela en Villa Caraza, Lanús Oeste, me esperó en la puerta y con lágrimas en los ojos me puso en las manos un regalo: un rosario. Al margen de que yo no creo en dios, ella me dio el regalo y me dijo que me agradecía mucho que yo le hable a las chicas de esas cosas, porque a ella nunca nadie le había hablado y sus hijas más grandes ya estaban embarazadas.
Se que es un rol difícil de llevar, pero se puede y se ven resultados. El mundo adulte de alguna manera tiene que dar respuestas y jugar algún rol. De hecho es evidente como un grupo mejora y cambia cuando se abre un espacio para trabajar estos temas. Lo que no se dice, se tapa, poner en palabras es la mejor tarea que nos podemos dar.
Les pibes se encuentran muy solos con su sexualidad y todos los temores que se pueden presentar alrededor de ella. Y tenemos poca educación sobre el derecho que tenemos al placer y a vivir nuestra sexualidad en plena libertad. Y si la escuela, es arena de disputa sobre esto… hay que salir a disputar.
*Profesora de Lengua y Literatura, especialista en Educación sexual, estudiante de psicología UBA, tallerista para niños y adolescentes en movimientos sociales
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