Por Gabriel Guevara
Atrapada en el aljibe más profundo, recóndito, lúgubre de la historia de sus tiempos se encuentra “alma” contemplando desde lo profundo la superficie donde el pasado añejo el presente incierto y el futuro inalcanzable luchan por ganar una batalla que parece perdida, porque el alma, real liberadora se siente atrapada sin fuerzas para comenzar su enfrentamiento con esas paredes empantanadas que le impiden salir. El alma enloquece en la rutina de su soledad, grita pidiendo ¡auxilio! Ama en la oscuridad, pero nadie escucha; todos absortos miran la batalla entre el pasado, el presente y el futuro lleno de sueños sucumbidos ya perdidos.
El enfrentamiento trasciende, en ocasiones se suman los recuerdos en esos días la guerra la gana el pasado con su mejor arma el orgullo, en otros momentos aparece ese guerrero alado portador de una gran sonrisa con sus manos marcadas de batallas ganadas, quien ignorando todo el enfrentamiento a su alrededor, solo mira el interior del aljibe queriendo rescatar aquella alma quien parece no quiere ser rescatada o se acostumbró tanto a la oscuridad y a las paredes empantanadas que ya no cree en batallas ganadas. Pero ella no está sola, tiene dos ángeles que aún en la hondonada de su soledad la acompañan con risas, juegos, charlas; a ellos se aferra en sus pequeñas manos, se siente acompañada y en su mirar se olvida de esa cruzada.
Día a día tras el despertar del sol la historia se repite: aquella alma despierta, observa su alrededor tras saber que todo sigue como antes y que cualquier intento por salir es absurdo, se queda inerte con sus manos enlodadas y sus brazos cansados ante los ojos del pasado y el presente que esperan su renacer pues la creían fuerte, la creían fénix; ella contempla la entrada de aquel aljibe que también es su única salida y espera, espera. Espera volver a creer en su futuro y en la resurrección de sus sueños que son los únicos que van a rescatarla de su profundo aljibe.
Foto: Lucia Cueto









0 comentarios