Primera parte
Por Esteban Morales Gallardo
Durante el contexto de armando del actual estado neoliberal, a principio de los 70’s con las estrategias de crecimiento hacia afuera, muchas empresas estadounidenses, a partir de las restricciones que establecía la transición de su Estado hacia su actual modelo, establecieron sus industrias en países cercanos, sobre todo, en México y Centroamérica. Esta nueva lógica de apertura fronteriza de las Empresas, que sustentó el actual proceso de transnacionalización, afecta en gran medida a una gran cantidad de trabajadores en las que las mujeres han tenido una particular participación.
En este sentido, las denominadas “Maquilas” hacen referencia a aquellas personas que venden su fuerza de trabajo en la industria. Al respecto, llama poderosamente la atención que en México más de un millón de personas trabajaría en este sector de la economía el cual convive con condiciones precarias de trabajo, con escasos derechos y con innumerables violaciones de derechos.
Al respecto, el rol que juega el gobierno Mexicano en relación con esta industria no hace más que legitimar esta apertura argumentando, brevemente, que sería una solución a la falta de empleo en el país demostrando su precariedad de intervención en el sector privado. Asimismo, el Estado sólo ha facilitado la incorporación de esta industria en diferentes lugares del país, como por ejemplo Guanajuato, Tijuana, Ecatepec (en el Estado de México) entre otras, expandiendo formas de precarización del trabajo a gran escala.
Incorporación de la Mujer en la Industria
Una de las particularidades de esta industria es la inserción de las mujeres en la cadena de montaje, suelen no tener experiencia laboral previa y de procedencia mayoritariamente rural o de sitios altamente marginados. Asimismo, se les considera ideales debido a su pasividad en un trabajo muy repetitivo.
Este tipo de trabajo, implica no sólo la alta alienación de las mujeres que se incorporan a éste sino que, por sobre todo, es una modalidad que mantiene el status quo, los bajos salarios y las brechas entre los países, “desarrollados” o no.
La presencia de la mujer en esta industria ha dado cabida a muchas críticas respecto a esta incorporación tan precaria al trabajo remunerado. Las dificultades laborales con las que se ven interpeladas diariamente dan pie a una particular crítica al rol del Estado como promotor de este tipo de Empresas foráneas en México, siendo una prueba más de que en la inclusión Neoliberal de los países latinoamericanos se potencian las desigualdades entre los sectores más desposeídos versus ese par de personas que contemplan, desde el alto del aparador industrial, cómo, durante horas, estas mujeres venden su dignidad por migajas.
Y no son sólo esos hechos los que son indignantes. Según algunos artículos académicos, esta participación de las mujeres en el mercado del trabajo industrial magulla su dignidad dado que, según algunos de estos estudios, muchas son víctimas no sólo de la precarización laboral, sino que inclusive son objeto de violación. Sin ir más lejos, su despojo de dignidad ha sido tal que, incluso aquellas que están embarazadas son despedidas de sus trabajos. Situación particularmente vergonzosa, preocupante y, por sobre todo, tan indignante que dan ganas de llorar.
Desregulación del trabajo femenino en la industria y sus consecuencias
Las condiciones de trabajo de estas mujeres es, como se ha recalcado es tanto precaria, indignante, preocupante, como también desafiante. Con la pseudo modernización de nuestros países se ven atropellados los derechos de estas trabajadoras, lo cual implica que, sin dudas, hay que cambiar los procesos productivos que se llevan a cabo en la región. La flexibilidad laboral que las vulnera, ve afectada su calidad de vida y su dignidad, perpetuando su situación.
Al respecto, creo que, como sociedad tenemos que tener nuestros ojos abiertos ante los diversos atropellos que las grandes corporaciones producen en las mujeres en las industrias. Al respecto, como se ha reiterado en muchas oportunidades, la organización de las trabajadoras es fundamental para transformar estas condiciones laborales. Peticiones como salud, trato igualitario y sueldo digno son elementales para performar la dignidad de cualquier tipo de trabajador. Ante gobiernos cada vez más indolentes, la participación es elemental para acercar la brecha entre discurso y práctica de las personas que reflexionamos a diario sobre el tema de igualdad y, aún, no hacemos nada al respecto.
Como un extranjero más en México, me llama poderosamente la atención como todos estos procesos, con sus matices, se han reproducido a gran escala. En la búsqueda de un cambio, es preciso retomar la solidaridad y cambiar esa visión individualista que, si bien busca imponerse, en un país como éste no veo que tenga la batalla ganada. Armándonos de conciencia, es posible cambiar las cosas, denunciando sin bajar los brazos y, por sobre todo, ayudar a la igualdad de género en el mundo del trabajo pues, sin duda, ya son parte del mundo del trabajo desde hace ya mucho tiempo
Fuente: http://www.aibr.org/antropologia/01v03/articulos/010302.pdf
Imagen: Joan Alfaro Cabrera
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