Escrachar

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“No quiero que ninguna mujer más padezca la tortura que padecí yo. Y sentí que ya no podía seguir callada por más miedo que tenga. No puedo seguir “presa” en mi propia facultad. Por mí, por mi futuro y por todas las chicas de Sociales que me demostraron que no estamos solas”.
Mechi Lema
“No sabía si contar mi historia, ya que, por suerte, yo no llegué a sufrir violencia física. Pero quería hacerlo porque quiero prevenir a otras chicas, quiero que sepan que que alguien te trate así no es normal, no importa si el tipo es más grande, si es reconocido públicamente o si es un don nadie. Si alguna pasó por lo que pasé yo, no lo permitan, no lo justifiquen, no lo repriman. Yo me sentí mal miles de veces y me destruí a mí misma tratando de explicar lo que no tenía justificación. Puedo asegurar que, sino fuera por mis amigos y familiares, muchas de las cosas que me hizo no las recordaría, porque realmente me esforcé en dejarlas pasar por alto.”
Julieta Petracca

Por Revista Furias

 

Ser progre, militante, compañero, correligionario, empoderado, y demás relaciones políticas no nos hace escapar de los abusos de poder y de ese macho capitalista que existe oculto o visible en muchas de las organizaciones que hasta el día de hoy, no se plantean seriamente una política de inclusión, respeto e igualdad de géneros. ¿Cómo se reacciona si en el lugar de militancia hay una denuncia de abuso? ¿Qué sucede si ese joven filósofo que sale en la tv nacional es acusado de violencia? De una sola manera: se protege.

En estas últimas semanas dos chicas decidieron hacer un escrache vía Facebook frente al silencio de quienes deberían protegerlas. Una es Mechi Lema, quien acusa a Matías Caccavo de la agrupación Megafón de violencia y abuso sexual, mientras que Julieta Petracca acusa al panelista del programa 678, Dante Palma, de violencia verbal y psicológica.

Ante el descreimiento de muchxs, la acusación a la denunciante, el pedido de explicaciones o de una denuncia formal, se pierde de eje la verdadera razón por las que esas personas pidieron ayuda a través de las redes sociales. Pareciera que está bien compartir imágenes de perros perdidos, recuerdos de viaje, indignación política, gifs por demasía, pero cuando alguien decide interpelar al otrx realizando un escrache virtual se duda de su integridad y nos volvemos más civiles de policía que los policías de civil.  

El miedo que nos atraviesa en cada esquina. Miedo a caminar, miedo a viajar, miedo a salir, miedo a estudiar, miedo a vivir. Que nos atraviese siempre la vergüenza. Vergüenza al vestirnos, vergüenza por hablar, vergüenza a la soledad, vergüenza a pensar, vergüenza a decir. Y por si acaso no nos atraviesa, que nos la atraviesen, pues siempre habrá una manera, una forma de depositarnos nuevamente el miedo y la vergüenza. Nunca dejará de ser nuestra culpa.

Pero cuando perdemos el miedo y la vergüenza empezamos a ver otras posibilidades, y el escrache es una ellas. El escrache es una forma de actuar, desde lo simbólico y lo social, independientemente de la legalidad, ya que en ella no se agota y muchas veces, lamentablemente, no se terminan las situaciones de violencia. Hoy en las redes sociales se denuncia y es la manera en que muchos casos cobran notoriedad, aun más que si se denunciaran por los medios legales.

Así que, sí al escrache, y no al policía que todxs llevamos dentro.

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