La familia ante nuevos retos

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MSc. Julia Cleger (*)

La familia moderna ha variado con respecto a la tradicional, en cuanto a las funciones, composición, ciclo de vida y el rol de los padres. La única función que ha sobrevivido a todos los cambios es la de ser fuente de afecto y apoyo emocional para todos sus miembros, y en especial para los hijos.

Los adolescentes y jóvenes necesitan, al igual que los niños, de una vida familiar segura, de un entorno adecuado donde puedan encontrar la estabilidad que les conducirá hacia la madurez. Hay que tener en cuenta que por sus contradicciones internas, buscan con afán un afecto y dirección donde poder comprender qué les está pasando y se apoyan en la imitación o en las tendencias preferidas por su grupo.
Los padres y madres tienen que lograr que en su familia exista un pensamiento diferente. Sin embargo, hay quienes sólo buscan proyectarse objetivamente a través de normas y conductas para consolidar sus criterios acerca de las tendencias de cambiar su imagen de nuestros jóvenes y adolescentes que son víctimas de criterios falsamente moralistas. Cierto es que todos los fenómenos sociales hay que verlos en el momento histórico concreto, pero continúa en el centro de los debates en muchos países, la feminidad y masculinidad.

Los muchachos en la actualidad se depilan las cejas, se arreglan las uñas, tiñen sus cabellos y usan accesorios “femeninos”, que fácilmente se asocian con la metrosexualidad. Tendencia que define a un nuevo tipo de varón en el siglo XXI que cuida mucho su imagen, la ropa y usa productos cosméticos, sin que esto determine su orientación sexual. Como sucede en la moda en el mundo, este tipo de conducta ha originado un mercado dirigido a los varones, ya no machistas, que ahora no se avergüenzan de usar cremas o polvos para lucir bien ante las mujeres y ante ellos mismos, pero son motivos para desencadenar en los hogares un clima tenso.

Julio César Pagués, cubano y Doctor en Ciencias Históricas y Coordinador General de la Red Iberoamericana de Masculinidades, considera que “la moda pasa por la cultura, por la evolución de los modos de expresión. Los y las más jóvenes son objetos de críticas porque las adultas y adultos nos sentimos con el derecho de decirles los que deben usar. Estaríamos usando la ropa del Medioevo si así fuera”. Abuelos y abuelas se definen como “mesurados” pero no admiten “lo que se usa” y alegan que lo establecido a nivel social según el sexo y la edad debe respetarse a ultranza.

El profesor Pagués agrega que “la lectura de género sigue siendo importante, porque asumir que un muchacho es homosexual porque cambia su vestuario roza con lo superficial”, y considera que antes de censurar se debe educar y no abusar de las posiciones de poder: “en Cuba desde el siglo XVIII las mujeres feministsa que defendieron sus ideales fueron acusadas de marimachos y fuertemente criticadas. Y hoy las muchachas usan pantalones con pinzas, corbatas, cortan su pelo y usan otros elementos  ‘varoniles’. ¿Seguimos temiendo lo mismo?”.

Tenemos también que reconocer la influencia que reciben nuestros jóvenes, de modos y modas, por medio de los audiovisuales como clips, artistas famosos, deportistas destacados y filmes occidentales que influyen mucho junto a los peinados, nuevos atuendos y otros elementos. La familia debe asumir los retos de las y los jóvenes, sugiriendo acercar los cambios a la identidad y a la cultura de cada lugar, independientemente de si se comparte el gusto por ella o no.

(*) Desde Cuba

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