Nombre Propio, Identidad Travesti, Vida Militante

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“Soy una travesti, una indígena, gorda, de color, pobre y obrera. Soy todo eso y mucho más.”

 

Por Paula Daporta y Karina Fuentes

 

Lohana podría ser un nombre más de tantos que hay por aquí y allá. Pero no lo es. Es un nombre que se gestó propio y que al gestarse parió a tantos miles de otros nombres propios que se reafirmaron en sí mismos, se construyeron y lograron subjetivarse. Un volverse sujeto que no podría ser más que un sujeto colectivo. Comunidad que se acepta, se repiensa y configura desde la calle, la precariedad, la resistencia. Resistir que es siempre a partir de poner en escena un cuerpo. Un cuerpo que se gesta con un nombre, desde la desobediencia de no aceptar casilleros. Cuerpos que cuestionan el “ser” desde la materialidad y el deseo propio pero también el ajeno. Cuerpos que convulsionan. Cuerpos amados y odiados. Cuerpos precarizados. Cuerpos como realización. Cuerpos que se rompen y se construyen a partir precisamente de la gesta del Nombre Propio. Nombres Propios, como el de Lohana.

Lohana eligió su nombre. No como nosotras o tantos otros a quienes los nombres nos vinieron elegidos por otros. Nuestras familias o allegados, que al nombrarnos nos llenan de “deseos” y un “deber ser”. Elegir el propio nombre. Elegir el Nombre Propio. Ser Lohana y a partir de ese momento de autoafirmación gestar una nueva subjetividad. Y dar a luz a tantas otras.

Elección del Nombre Propio. Punto de emergencia de historias miles con denominadores comunes. Pero sobre todo puntapié de luchas y resistencias. Pequeñas revoluciones. Internas y externas. Individuales y colectivas.

La elección del propio nombre dentro de la comunidad travesti es un punto bisagra. Momento donde se da fin a un proceso interno y se da comienzo al proceso de exteriorización de la elección de identidad de género. Momento que marca el quiebre entre un adentro y un afuera. Si el recorrido interno y personal parece difícil. El afuera se torna aterrador, pero también realizador. Las subjetividades en cuestión, aferrándose a su Nombre Propio, enfrentan y resisten los embates por un lado de la construcción de su cuerpo desde la precariedad de los recursos a mano en términos económicos y por otro lado la cadena de exclusiones una tras otra en diferentes ámbitos. Arrancando desde la escuela, siguiendo por la familia y la migración en algunos casos. La discriminación en el ámbito de la salud, de vivienda y obviamente y como corolario, en el laboral. Así, como profecía autocumplida, de animarse a romper con el “deber ser”, poner en alquiler el cuerpo como único camino viable para sostener esa propia corporalidad que permite la realización de ese deseo de “ser”. Entereza y sacrificio de bancarse el Nombre Propio y asumir ese cuerpo desobediente que no se ajusta, pero tampoco quiere ajustarse a ningún estándar de “normalidad”. El precio que se paga es alto. La Resistencia y poder de esos cuerpos y deseos también lo son.

Lohana nos habló, escribió e interpeló desde el Nombre Propio. Su lucha se fundó en la necesidad de legalizar la elección de género en el Documento Nacional de Identidad como acontecimiento que diera pie y realización en términos de subjetividad a la comunidad travesti y sus cuerpos. Cuerpos que eran más que simples cuerpos. Eran nombres que gestaban identidades. Identidades que por falta de reconocimiento se volvían precarias. Más aún si la base material donde esas identidades se construían eran vulnerables. Identidades precarias. Cuerpos que se vuelven precarios. Vidas precarias. Había que torcer el destino de esos cuerpos que se desvanecían o desgarraban en las múltiples instancias que una vida precaria con un cuerpo desobediente pueden habilitar.

hace falta coraje para ser mariposa

Hace falta coraje para ser mariposa.

La Lucha de Lohana y la de tantos otros Nombres Propios fueron las que promovieron y permitieron dar luz a la sanción en el año 2012 de La Ley de Identidad de Género. Ley que permite, que las personas trans sean inscriptas en sus documentos personales con el nombre y el sexo de elección, además de ordenar que todos los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean incluidos en el Programa Médico Obligatorio, lo que garantiza una cobertura de las prácticas en todo el sistema de salud, tanto público como privado. De la mano con la Ley de Matrimonio Igualitario, se configuró un marco de reconocimiento a estas subjetividades que deciden “ser en el mundo” de otro modo ajeno a los estereotipos sociales imperantes y así permitir que la vulnerabilidad social de determinados cuerpos y vidas se vuelvan, como diría Judith Butler, más “vivibles”. Reconocimiento legal para una lucha que en el campo de lo cultural y lo simbólico tiene mucha más tela que cortar. O mejor dicho, como gustan ellas decir, tejer.

En esa trinchera estaba Lohana. Ahí estuvo. Así desde la gesta de su nombre y el de tantos y tantas OTROS, se parió y se dio luz a esa particular Rabia Travesti que la identificaba.

Rabía Travestí que se expresó como amor, furia pero también organización como en el caso deALITT- Asociación lucha Identidad TravestiTransexual y de La Cooperativa de Trabajo Textil Nadia Echazú. Primera cooperativa de trabajo textil travesti-trans de Latinoamérica. Emprendimiento que nuestro actual presidente otrora Jefe de Gobierno de la Ciudad no permitió instalar en Capital Federal, logrando luego abrir sus puertas en Avellaneda.

Lohana corporizaba esto y más. Fue acción rabiosa transformadora y elaboración teórica brillante. Fue militancia. Atrevimiento. Fue abrazo escandaloso al feminismo. Fue perseverancia. Fue vanguardia en los cargos estatales que ocupó o en los que se candidateó. Sentó precedentes aquí y allá. Puso el cuerpo, permitió la emergencia de tanto. Abrió el abanico de lo posible.

Desde el anuncio de su fallecimiento se asoció en la mayoría de los medios de comunicación hegemónicos (que trataron el tema) el Nombre Propio Lohana Berkins al de “activista trans”. Reducir su militancia y activismo al mundo GLTTB implica recortar su parte más subversiva. Invisibilizar aquello que le da sentido a su lucha en un sentido global. Lohana era mucho más. Era una militante social, miembro del Partido comunista. Ella entendía al colectivo travesti en el marco de tantos otros sectores oprimidos como los obreros, las mujeres, los inmigrantes, los pibes de gorrita de los barrios y tantos otros. Entendía que su lucha era también contra el patriarcado pero también y sobre todo contra el sistema. Desde allí se desprende y entiende aquella frase tan de Lohana: “Hace falta coraje para ser mariposa, en un mundo de gusanos capitalistas”.

La frase ilustra la mariposa que logra su esplendor luego de su pasado en larva, ese proceso de adentro y afuera. Pero si nos quedamos con esa parte solamente, estamos a mitad de camino. Ella era consciente y con espíritu pedagógico creaba conciencia de que esos padecimientos por lo que pasa el colectivo trans, no se alejan del de tantos otros que no se ajustan a lo que el sistema capitalista impone y pondera. Por eso a Lohana no solo vamos a extrañar cruzárnosla en las marchas del orgullo gay cada noviembre, o en las columnas que escribía en Página 12 sino también en cada manifestación o espacio de lucha del campo popular. Su lucha dentro de la comunidad travesti se articulaba con tantas otras porque como ella misma afirmaba “si efectivamente el pacto social de la modernidad es un pacto de exclusión, entonces, la única respuesta a él es la alianza de los excluidos”[1]. Por eso ella siempre estaba ahí al pie del cañón. Poniendo su cuerpo. Ese cuerpo que tanto simboliza, que tanto potenció, que tanto gestó.

Hoy somos muchos y muchas los que sentimos su pérdida física y le damos las gracias por su Amor y Furia Siempre.

No sé si tendremos mucho tiempo para llorisquear. No hay homenaje posible que alcance. Tan solo seguir poniendo nuestro cuerpo en escena.

Las mariposas seguirán volando, les pese a los gusanos capitalistas que les pese.

Febrero 2016

Contacto: experiencia.investigacion@gmail.com

[1] ALITT: La gesta del nombre propio; Bs. As.: Ediciones Madres de Plaza de Mayo; 2005.

 

Foto: Imagen de perfil del Facebook de Lohana retratada por el lente de Belu Wahn en la Marcha del orgullo LGBTQ.

 

Leer Dossier completo: La revolución es ahora

La revolución es ahora – Por Revista Furias

Colectiva Lohana Berkins – Anahí Más

 

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