Por Julia Cleger
La zona oriental de Cuba tiene arraigada una potente cultura adquirida tras un fenómeno histórico: la conquista y colonización de América. Por aquí llegó una parte importante y mayoritaria de la inmigración a fines del siglo XVIII; africanos, haitianos, españoles y otrs en menor cuantía que nos legaron ese tapiz de razas, colores y costumbres que devinieron en una significativa población integrada por cubanos y cubanas.
Casi todas las que nacimos por acá estamos orgullosas de ello, pero a fuerza de ser sinceras, debemos reconocer que es el territorio donde estuvieron presentes y con más fuerza las más recias diferencias entre mujeres y varones, amos y esclavos, negros y blancos, siempre debajo o sobre el “tapete”. Y digo esto, pues es un tema que hoy por hoy se enfrenta, se aborda en foros y encuentros, cada día surgen organismos para defender al mundo contra la violencia, y nosotras las mujeres, cada minuto estudiamos más, reflexionamos más, nos encaramos más y denunciamos más.
Tratando de avanzar en esta incongruencia de años, actualmente las mujeres cubanas en su reconocimiento, según datos oficiales representamos el 66 por ciento del sector profesional y técnico, 52 por ciento del universitario y 52 por ciento del personal de la salud que brinda cooperación internacional fuera del país.
En algunos Estudios y Campañas sobre la violencia contra las mujeres, no se tiene en cuenta la historia desconociendo la fuerza de costumbres, hábitos y otros aspectos culturales enraizados en cosas tan simples, como la inquietud de conocer con antelación si el bebé que esperan es mujer o varón, para escoger el azul o el rosado en la canastilla.
No pocas veces insistimos en enfrentarnos a los nuevos paradigmas de mujeres y varones en cuanto a las relaciones de género con la profundidad necesaria y si vemos en diversos espacios el panorama, por ejemplo en los medios de comunicación, no es nada alentador, según cuenta Isabel Moya, Directora de la Editorial de la Mujer en Cuba. Están presentes las figuras y contrafiguras, el maltrato a la féminas, hasta en los medios de comunicación de masas, donde existen diferentes niveles de emancipación, subordinación y participación femenina, por lo que es mucho más complejo visibilizarlo en los medios, dice Isabel.
Las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia es un espacio gratuito donde las mujeres reciben superación cultural, desarrollo personal y donde se promueven estilos saludables que contribuyen a elevar la calidad de vida de la población en general. Esta institución cuenta con cuatro líneas fundamentales: la orientación individual, el trabajo grupal, los programas de adiestramientos, los cursos de superación así como la labor de prevención y atención con las familias que manifiestan conductas socialmente negativas.
Estas instituciones creadas por la Federación de Mujeres Cubanas en cada municipio del país, conforman un plan estratégico que contribuye a la solución de disímiles conflictos, problemas familiares o de comunicación en las parejas, manejos inadecuados en la crianza y educación de los hijos, alcoholismo, violencia intrafamiliar, embarazo precoz, entre otros. Allí se pueden encontrar psicólogos, pedagogos, especialistas en Ginecología y Obstetricia, psiquiatras, especialistas en género y comunicación, etc., y atienden a mujeres y hombres que de manera voluntaria lleguen hasta allí.
Un simple ejercicio en mi clase de Publicidad con alumnos de la Licenciatura de Comunicación Social, al mostrarle unos afiches, para debatir los Roles de la Comunicación, que mantienen, como tendencia, los mismos criterios estereotipados sobre lo femenino y lo masculino que aparecen en los medios internacionales, donde las mujeres se reducen a los roles de objeto sexual, madres, esposas y encargadas de labores domésticas. Valoración contradictoria cuando ellos conocen ciertamente los avances de estos temas en la sociedad en que viven, trabajan, estudian, dialogan y polemizan.
Por tanto el problema es más serio, es impostergable estudiar, profundizar todo en la vida, hay que avanzar en la difusión de la teoría de género como una herramienta que permita aproximarnos a toda la realidad, y no sólo a los llamados “temas de mujeres”, desde la perspectiva de género. Es necesaria una voluntad política, estatal y social para profundizar en acciones concretas más cercanas a los problemas presentes en nuestras sociedades en temas de Violencias de todo tipo.
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