Voces del encierro

Compartir

Entrevista a Marta Laferriere*

Por Bárbara Bilbao*

Marta es una mujer segura y dispuesta a conversar sobre los temas que mejor conoce: la Universidad, la educación y los derechos humanos básicos para cualquier persona, particularmente para aquellos y aquellas que se encuentran privados de su libertad. Marta nos cuenta cómo surge el Programa UBA XXII que vincula la UBA y el Servicio Penitenciario y cuáles fueron los avatares que tuvieron que atravesar para llegar a transitar durante treinta años.

¿Cómo nace UBA XXII? ¿En qué contexto y cómo surgió la idea de involucrar dos instituciones como la cárcel y la universidad?

El tema surge a partir del pedido de una madre, que llega a la universidad. En ese momento estábamos armando el Ciclo Común Básico en el año 1985. Pensamos en una vuelta de tuerca: ¿por qué no llevar a la universidad a la cárcel? Construyendo un espacio universitario, construyendo un espacio de derechos. Tornar porosos esos muros. Si bien el programa es de extensión, se pensó que la Universidad tenía que abrir ese espacio y garantizar el derecho al estudio a aquellas personas que estuvieran privadas de su “libertad ambulatoria”. Una libertad ambulatoria no significa que no deba comer, no deba estudiar, que no se le deba proporcionar salud, entonces, la UBA es la que resuelve que se iba garantizar ese derecho. El proyecto se fue armando a medida que lo íbamos transitando, siempre hemos tenido el carro delante de los caballos porque era una experiencia inédita, no teníamos referencia en ningún lugar del mundo. Pensemos que en esa época no teníamos internet, ni computadoras; esto se fue armando con mucha voluntad política, sin la cual es absolutamente imposible. Y aventurarnos a esto, que dos instituciones, con historias, funciones e intereses completamente diferentes, pudiéramos unirnos.

¿Y en qué instituciones carcelarias está funcionando el programa en este momento?

El programa empieza en lo que se denominaba Devoto en un lugar muy pequeño. Al principio era un alumno, y rápidamente se transforma en tres y en el segundo cuatrimestre ya once. Y entonces, se empieza a construir lo que nosotros denominamos Biblioteca. La biblioteca eran unas cajas donde poníamos con marcador IPC, Sociedad y Estado, Antropología. En un momento dejamos de entrar alumnos, docentes, cajas y debo decir que fueron los alumnos los pioneros en esto, sin ellos, tampoco hubiera sido posible este programa. Vaya mi reconocimiento a esos alumnos pioneros de este programa. Ellos empiezan a pensar que existe un espacio donde creen que se puede construir la biblioteca. Y ese espacio cuando lo veo, era como una puerta negra, que es donde hoy funciona el CUD (Centro Universitario Devoto). Y digo negra porque esa puerta durante la dictadura había sido quemada motivo de un motín. Y ellos mismos dicen: “vamos a recuperarlo”, para resignificar el espacio. Eran 1500 metros, que hoy es el CUD que tiene aulas, salas de computación, sala de actos, baños, etc. Ese fue el primero. Ahí empezamos con Derecho, las unidades académicas del CBC, Derecho, Económicas, Filosofía y Letras, Psicología, Sociología, y Ciencias Exactas haciendo propuestas curriculares como extracurriculares. Fue difícil, tuvimos momentos muy difíciles de enfrentamientos de “lógicas” que se han ido saldando.
vocesdelencierro

¿Vos hablás de las dos lógicas que son la Universidad y la Cárcel y que además tienen que convivir?

Exactamente. Pero por suerte, existe el diálogo. En uno de esos conflictos salimos creciendo. Salimos de trabajar del “horror” que era la Unidad I de Caseros que se construye durante la dictadura y se termina en la época de la Alianza, ahora desafectada. Y la Unidad 16 que es esa vieja unidad muy cerca de la I en Caseros, también desafectada y que alojaba menores. Llegamos generando un centro de estudios muy interesante, que fue la experiencia del CINAP (Centro de Informática Aplicado). Nosotros apostábamos que sí, hasta ese momento estábamos con la población masculina, teníamos que llegar a la población femenina, la U3 de Ezeiza, que ahora es la 4. Llegamos ahí también y armamos la misma estructura para las mujeres.

¿Cómo ves a las mujeres ocupando esos espacios de promoción en la ciencia, en la academia? Lugares que en general son ocupados por varones y sin embargo, vos hace treinta años que llevas la dirección de este programa, un programa que justamente asocia estas dos instituciones tan diferentes, pero como bien comentás, convergentes. Y por otro lado, preguntarte sobre la población carcelaria femenina, que es una población específica.

ML: Respecto de la primera pregunta, la verdad, te soy sincera, lo viví con total naturalidad. Imagino, que hubiese encarado este proyecto siendo mujer o varón. Lo pienso siempre en términos de igualdad de condiciones para hacerlo, nunca sentí que por ser mujer tenía algún tipo de inconveniente para llevar adelante esto, en un mundo que efectivamente es duro; sobre todo hace treinta años: el servicio penitenciario recién en la década del 90 colocó a una mujer como directora de un establecimiento de mujeres, por ejemplo…

Hace diez minutos…

(Risas) Exactamente. En realidad, las mujeres tenían que hablar con varones. Incluso cuando convocamos a los docentes, muchas de ellas eran, son mujeres. Pero jamás hice una entrevista pensando si era varón o mujer, parto de la base que todos y todas somos ciudadanos con igualdad de derechos y oportunidades. Respecto de la población femenina en las cárceles, sí creo que vale la pena detenerse. Porque efectivamente es muy diferente la población de mujeres, de la población de varones en contextos de encierro. Hay cuestiones más sencillas y rápidas de ver y hay cosas más profundas que han sido motivo de diversas investigaciones. Ha habido muchos grupos de investigación de género que han venido a estudiar estos temas como de la Facultad de Filosofía y Letras, el Instituto Gino Germani, que se han abocado a hacer investigaciones sobre la población femenina en contextos de encierro (por ejemplo, “Voces del encierro”). A groso modo puedo decir y, para ejemplificar, que  Esa es una primera cuestión, antes de la “reja”. Pasada esa primera reja, porque no es solo una reja, son varias. De todo tipo, reales, imaginarias, simbólicas. La población femenina está mal vista, doblemente mal vista, es doblemente victimizada porque todavía en el imaginario, de esta cultura no se entiende que una mujer pueda delinquir, cuando la representación que tienen sobre la mujer es la de la Virgen María, está dedicada a ser madre, esposa, ama de casa, es decir, es la “buena”.  Entonces, ¿cómo puede ser que una mujer delinque? Para contextualizar, hay aproximadamente 60 mil presos en el país, entre provinciales y federales, tenemos 10 mil a nivel del servicio penitenciario federal y dentro de éstos el 10% corresponde a mujeres. Los lazos que se construyen y las dificultades que se atraviesan marcan una particularidad de las mujeres respecto de la población masculina.

Te leía hace un tiempo, y en varios lugvocesdelencierro (1)ares decías que el programa tenía como uno de sus objetivos “Educar para liberar”. Cuál es la significación, el sentido que tiene esa frase que seguramente alberga un universo complejo de explicaciones.

Es un esfuerzo enorme el que hace la UBA llevando y trayendo profesores de todas las unidades académicas a las unidades carcelarias. Son cuatro viajes diarios que hace la universidad respecto de los profesores y profesoras. El compromiso y la responsabilidad social que tiene esta universidad. Entonces en esa búsqueda de plata por todos lados, encontré que la Comunidad Europea estaba dispuesta a donarnos máquinas. Y nos donaron las Pentium 280 y fui personalmente a buscarlas al puerto. Pero como no las podía receptar, ni la UBA ni el Servicio Penitenciario, tomé la decisión de crear una Fundación “Educar para ser libres” que tuvo por objeto solo recibir esas computadoras (risas). No, ahora en serio, tenemos un programa de computación que es maravilloso atendido por la Facultad de Exactas que tiene arriba de 600 estudiantes por cuatrimestre. Educar para ser libres, a ver, la educación supone libertad, yo soy Licenciada en Educación, creo absolutamente en la educación como dadora de libertad. Si nosotros y nosotras pensamos que la inmensa cantidad de personas que llegan a las aulas al interior de las cárceles, son personas que vienen alejadas de agencias socializadoras primarias. Pero efectivamente la población, si revisamos las estadísticas oficiales, muchas veces son personas que llegan sin la primaria o con la primaria incompleta, es decir, que el Estado de alguna manera no ha estado presente. Entonces creo que la Universidad, por ser como el último eslabón educativo, tiene la responsabilidad de llegar a estos espacios a llevar educación. Es decir, que estos espacios que crea la UBA son espacios de libertad. Esta participación de la Universidad no es solo brindar herramientas para la reinserción, resocialización, no es que da una pastilla en contra del delito, sino que brinda herramientas que resignifica, en muchos casos la vida de esos sujetos. Pero no solamente cuando salen, lo más interesante ocurre en el durante.

Y en su propia subjetividad en ese momento.

Exactamente. La universidad es una reconstructora de subjetividad. Esto es muy importante, donde el sujeto comienza… Primero se apropia de la palabra, la Universidad ha sido dadora de la palabra.

Que le ha sido negada en toda su historia, no sólo en el contexto de encierro.

Claro, vienen privados y privadas de antes y de ahí viene la violencia también. Cuando uno no posee la posibilidad de la palabra, de ejercer la palabra y de empoderarse de la palabra en un contexto en donde las formas de comunicación son tan complejas y sobre todo, violentas. En vez de hacer un motín y quemar colchones en el techo, hoy saben que pueden recurrir a un hábeas corpus. Saben que tienen derecho a eso. Creo que esto es una de las conquistas más importantes de este programa. La reconstrucción de la subjetividad es el paso previo a la reinserción, a partir de la palabra y a partir del intercambio con un otro que es diferente que te trata como un igual en un respeto de derechos. Tenemos un centro de egresados, que algunos y algunas egresan adentro y otros y otras afuera.

Poder comprender que no hay que estigmatizar el lugar que uno o una ocupa en la sociedad, sino que se transitan diferentes momentos en su vida.

Y que a todos y todas nos puede pasar…

Pero que podemos salir de esa situación.

Sí, ahí nos queda muy claro esta idea de que sí se puede salir y resignificarnos.

*Licenciada en Educación por la Universidad Nacional de Córdoba. Directora del Programa UBA XXII

 

 

Commentarios de Facebook

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ceres Elementos Naturales
borde gris top
Contenido relacionado
Contenido relacionado
Las marcas del fuego

Las marcas del fuego

La crisis climática genera más frecuentes y más extensas temporadas de incendios forestales, y la Patagonia es una de las regiones más golpeadas. En marzo de 2021 una tormenta de fuego en Chubut cambió la vida de miles de personas. Andrea Depetri es una de ellas