El doctor Messore llegó desde el Inadi para quedarse con los originarios de Formosa
Por Susana Salina
Mario Messore no sólo es el odontólogo responsable de que muchos integrantes de Potae Napocna Navogoh (La Primavera) vuelvan a lucir sus dientes, sino que además se ocupa del diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades bucodentales de las comunidades originarias de otras regiones de la provincia y de los temas sociales que las atraviesan.
Massore fue funcionario del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) durante la presidencia de Claudio Morgado. A partir de su rol como referente en el área de salud, cargo que ocupó informalmente, tomó contacto con la problemática de la comunidad La Primavera.
Los hechos que se suscitaron en 2010, a partir de la represión sufrida por los qom en la ruta 86, en Formosa y el posterior acampe en Buenos Aires hicieron que, paulatinamente, Mario se transformara de funcionario público a “el doctor Messore”, como lo llaman en la comunidad: “Los qom son la paz, el eje en mi ser, en mi pensar y accionar. Me dan alegría; no voy a ayudarlos, en todo caso, los acompaño y que me permitan hacerlo, es un honor para mi. A través de mi profesión fui recomponiendo la relación. Trabajando en el territorio, poco a poco logré restablecer la confianza que se había debilitado a partir del rol que asumió el Gobierno nacional con su reclamo.”
Mario nació en Olivos, provincia de Buenos Aires, un 7 de enero de 1961. Creció siendo un pibe de barrio que pasaba su tiempo libre jugando en la calle, algo común para esa época. Pero también lo seducía tener su propio dinero, ser independiente; entonces buscaba hacerse el mango con alguna changa de pintura, jardinería o en talabartería del vecino amigo, que siempre tenía un mandado para ofrecerle. Su madre y padre son odontólogos, y su abuelo, que integró FORJA, también. El doctor Messore abrazó la profesión desde la cuna. Egresó de la UBA en noviembre de 1985.
¿Cómo fue que pasaste de ser funcionario del Inadi a odontólogo de la comunidad?
Fue un proceso muy duro que atravesó diferentes etapas: acercamiento, distanciamiento y afianzamiento, cuya génesis se remonta al Inadi. LLegué al Organismo a través de Claudio Morgado a quien me une una gran amistad. Conocí a Claudio por medio de Cecilia, su esposa, que recomendada por una vecina, de Ingeniero Maschwitz, llegó un día a mi consultorio. Como vivía en una casa, modesta, pero grande, además del lugar que tenía para atender a mis pacientes, se me ocurrió improvisar un galpón para filmar programas educativos que salían por cable y abarcaban la temática de las caries: qué eran, por qué se producían y qué era la placa bacteriana. Un día vino Claudio por una consulta, hasta ese momento no sabía que era el de la tele, me sorprendí, me quedé helado. Morgado, para ese entonces, estaba pasando por una etapa de pleno auge mediático. Mientras lo atendía, charlábamos y le conté sobre mis grabaciones, de un micro educativo, en el canal local con el muñeco Paletas, se mostró interesado. En el medio de la conversación, Claudio que es muy reservado, me comentó que estaba por hacer un programa televisivo que se iba a llamar Changüí y que le atraía la idea de que yo pudiera participar con el muñeco. Efectivamente, cuando el programa salió al aire en 2000, cumplió con lo que me había dicho, me convocó. Trabajé con él durante dos años, nos hicimos amigos. Pasó el tiempo y en 2005, nuevamente le hice un tratamiento a su esposa Cecilia y en esa ocasión, cuando era Diputado, me compartió que le habían propuesto la presidencia del Inadi. En esa oportunidad, yo estaba colaborando con la ONG Aonikenk, en el relevamiento sanitario de la localidad de Chimpay, al sur de Río Negro, donde se realizaban atenciones en las especialidades de pediatría, traumatología, cardiología, oftalmología y odontología. Me planteó la necesidad de que lo acompañase en el Inadi, conociéndolo, acepté con mucho gusto.
Apenas ingresé, me envió a foguearme con la problemática de los pueblos fumigados de la provincia de Córdoba. Inmediatamente se desató el conflicto territorial con los qom en Formosa, me pidió que me ocupara de ubicar a la gente golpeada en los hospitales de Buenos Aires, también trajimos a Fermina con un cuadro muy complicado de salud y a su esposo Mauricio. Era diciembre de 2010 y recibo un llamado de Mauricio diciéndome: “doctor véngase a la carpa de la justicia que está en la 9 de julio”, fui. A partir de ese momento empecé a concurrir al acampe casi todos los días, yo no soy una persona de oficina, ahí me sentía a gusto, hasta llevaba y tocaba mi tambor, les buscaba asistencia médica, los empecé a conocer y entender su problemática y sabía (tal vez con ingenuidad) que estaba en el lugar preciso para poder encontrarles una solución, era el nexo entre Claudio y los qom.
Políticamente las cosas empezaron a empeorar; Claudio recibía presión por todos lados, mías también, sin embargo jamás me soltó la mano. Del 24 al 31 de diciembre fueron días muy complejos, me comprometí con los integrantes del acampe, les di mi palabra de que no les íbamos a fallar, como prueba les entregué un objeto que perteneció a Perón, que yo guardaba muy celosamente. Es más, en una ceremonia juré ante el abuelo fuego que no los iba a traicionar. Entre idas y vueltas, el 30 de diciembre y con Claudio afectado por una neumonía, se logró firmar un acuerdo con funcionarios nacionales: algunos de los puntos que abarcaba se relacionaban con la entrega de DNI, acciones concretas en materia de salud y un pedido para que la Gendarmería fuera la encargada de garantizar la seguridad de la comunidad. Posteriormente, viajé varias veces a Formosa, a veces, sin que nadie de la gobernación me atendiera. También allí se logró firmar un convenio con Aníbal Gómez, ministro de Desarrollo Humano.
Para el 4 de febrero, en tiempo de vacaciones, se estaba pergeñando nuestra salida del Inadi. Para todo esto, nadie del gobierno se acercaba al acampe, lo fui a ver a Félix, el ambiente se cortaba con cuchillo, había cierta decepción con el Organismo. Toda esta situación me interpeló, necesitaba saber de qué lado estaba, si seguía como funcionario hasta las últimas consecuencias, o me quedaba en el acampe con los qom. Entonces, me vino a la mente lo del Malón de la Paz, un caso parecido, que terminó casi de la misma manera.
¿Cómo es eso del el Malón de la Paz y de qué lado estabas?
Lo sucedido con los kollas en 1946, en la primer presidencia de Perón, fue algo similar a lo que ocurrió con los qom cuando resolvieron acampar en Buenos Aires. En ambos casos, unos y otros, decidieron llevar el reclamo territorial a la capital de la República, ante un gobierno Peronista. A los originarios del norte los acompañó el teniente retirado Mario Augusto Bertonasco, que había trabajado como inspector de Tierras, colaborando con la familias mapuches y, posteriormente pasó a la Secretaría de Trabajo y Previsión. Se lo puede definir como que era un hombre de Perón. Bertonasco instó a los Kollas a emprender el viaje a Buenos Aires, creía que la recuperación de sus tierras era un hecho. Mientras compartía con los originarios de la Puna el largo recorrido del reclamo, operaba una transformación en él: ya barbudo, su vestimenta de funcionario público mutó a la bombacha gaucha y poncho, hecho que le valió una sanción por el uso indebido del uniforme.
Los Kollas estuvieron, aproximadamente, un mes en Buenos Aires, habían sido recibidos por Perón en la Casa Rosada. De golpe, el gobierno decidió cercenar el ingreso de intermediarios al Hotel de Inmigrantes, donde estaban alojados, los incomunicaron; Bertonasco no puedo contactarse con ellos. Luego, los militares ocuparon el Hotel, irrumpieron en los dormitorios y los sacaron a la rastra y golpes. Afuera, en una vía secundaria del puerto, estaban los vagones esperándolos para llevarlos de Retiro, de vuelta a la Puna.
Los qom no fueron atendidos por la presidenta en la Casa de Gobierno. Pero también fueron sacados intempestivamente de la plazoleta donde acampaban.
Entendí la transformación de Bertonasco, sabía de qué lado estaba. Cuando todo explotó en el Instituto, me quedé sin trabajo, con muchos problemas económicos, alquilaba y la tuve que pelotear como pude. Después hubo un silencio de dos años, aproximadamente, hasta que las cosas se fueron acomodando. Me empecé a acercar a través de gente que iba a Formosa, quería ver cómo podía articular para viajar. Graciela Fernández, que es enfermera, me acompañó a insertarme de nuevo. En un viaje que hicimos, llevábamos un sillón odontológico y cuando salíamos de la Ruta 86, en la entrada de La Primavera, encontré un muñequito que había sido pisado por algún vehículo, lo levanté, era precioso, pensé que me iba a dar suerte, la necesitaba, efectivamente fue así, de a poco me fui ganando la confianza de la comunidad y de Félix.
¿En qué consiste tu ligazón con la comunidad?
En principio, yo no voy a La Primavera a mostrar mi ciencia o mis saberes sino a mezclarlos con sus conocimientos, porque lo que fue descubierto hacia 1920 en relación a la física con la materia y la energía, la aparición de la medicina cuántica, ellos ya lo venían usando mucho tiempo antes, quiero aprender de ellos; todo lo que está a nuestro alrededor está interconectado, los pueblos originarios son conscientes de ello, por eso son parte de la naturaleza. Hay algo que está resurgiendo y ese algo también tiene que ver con darnos cuenta de nuestra ignorancia, nuestro avance (que provienen de la cultura occidental) es descubrir nuestra ignorancia.
En el encuentro del pasado 18 y 19 de julio, en Bartolomé de Las Casas, Formosa, me movilizó mucho cómo los integrantes originarios expusieron la cuestión de la salud y la medicina, de cómo extraían de la madre naturaleza todo lo necesario para sus curaciones. Hoy despojados de sus tierras, se les hace muy difícil acceder a sus medicamentos, sin vencimientos y deben acudir a la forma occidental, pues bien, esa es la tarea, articular ambos saberes. Al finalizar la jornada nos sentamos con las promotoras de salud de la comunidad y llegamos a la conclusión de que se hace muy difícil estar a la espera de una ayuda de afuera, por lo tanto es indispensable que nosotros nos organicemos. Entonces, pactamos un día y horario, para estar conectados, ellos desde el territorio y convocando a la población y yo desde Buenos Aires. Por supuesto que además yo tengo mis obligaciones, debo atender mi consultorio, tengo cuentas que pagar como todo el mundo pero todo es cuestión de organizarse y trabajar en conjunto. Afortunadamente no estoy solo, sino que de diferentes lugares hay gente que colabora con los qom, aportando cada uno como puede: diputados, organizaciones civiles y partidarias, médicos, hospitales. Con la unión y el amor se puede fortalecer la causa. Creo que el nuevo desafío de la medicina que se viene tiene que ver con abrirle el corazón a la gente para liberar la energía del amor, porque como dice Galeano: “Los indígenas no son el problema en Las Américas sino que son la solución, y tenemos mucho que aprender de ellos”.









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