Chile. Realidad indígena: Entre la Intolerancia y el Reconocimiento

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Por Esteban Morales Gallardo

Históricamente, las relaciones de los pueblos indígenas con aquello denominado “La Sociedad” ha estado delimitada por el juego de poder que ejercen estas sociedades, confiando en la promesa de progreso que le da la idea de poder acceder a la modernidad, poder del cual hacen gala contra cada minoría, evidentemente, más débil.

Actualmente, si vislumbramos una idea que comprenda la noción de una Identidad Indígena, implica casi siempre el apego a tradiciones milenarias que buscan convertirse en un soporte existencial ante un presente de discriminación que experimentan por parte de las diversas facciones de los Estados, aludiendo simbólicamente a un proceso de delimitación y segmentación social que ordena y recrea los estándares de un gobierno fuerte y que busca la grandeza a costa del más débil.

Sin embargo, es precisamente que el discurso oficial nos dice que son los propios pueblos que buscan estas diferencias para poder acceder a un reconocimiento de su condición, como si fuese una enfermedad, para que puedan ser subsanados sus derechos y, de cierta forma, poder relacionarse con lo social sin ser parte de ello.

Lo anterior plantea la búsqueda de los países “en vías de desarrollo” de estandarizar la cultura y, por lo tanto, generar un vínculo único mediante la implantación de ese espíritu nacionalista que, inmediatamente, dilapida cualquier noción de diversidad cultural. Y, peor aún, con la avanzada del neoliberalismo global que busca, mediante un mensaje único, implantar una ideología estandarizada en todos los niveles, exacerbando su exclusión a menos de que, claro, dejen su cultura de base para incorporarse periféricamente en empleos precarios en gran parte de los casos.

De esta forma, ante los intereses existentes en las decisiones a nivel estatal, han hecho precaria la vida de los sujetos y sujetas indígenas. Asimismo, la globalización permite que sean cada vez más las comunidades que migren hacia las grandes ciudades con el propósito de intentar compenetrarse con la cultura dominante e intentar llevar una vida citadina en búsqueda de los ideales tan ampliamente prometidos.

Sin embargo, ante el proceso de globalización, las identidades generan respuestas a los procesos de indivualización lo cual queda de manifiesto con la reaparición de identidades culturales al interior de las metrópolis, reaccionando ante una identidad impuesta mediante la búsqueda de la rearticulación de sus derechos en aras de un reconocimiento al interior de los Estados ciegos y misóginos que, lamentablemente, aún abundan en Latinoamérica.

Ante este contexto, siempre surgen dudas relacionadas a la búsqueda de generar un espacio respecto a su reconocimiento. En búsqueda de ese traspaso entre la intolerancia y el reconocimiento existe una brecha aún más compleja que el mero monismo economicista y esto es, precisamente, la cultural; si bien existen algunos intentos por encontrar la posibilidad de generar un nexo, siempre estaremos situados en un espacio dialéctico en el cual la búsqueda de referentes existenciales implican la identificación con determinados referentes que dirigen nuestra existencia, descartando otros.

Lo que queda planteado es que, sin lugar a dudas, aún falta conocimientos y estudios sobre temas ligados a la nación y a los límites culturales presente en las diferentes regiones. Las discusiones frente al pluralismo en las sociedades latinoamericanas deben activarse de forma de poder generar un vínculo, no menos problemático, entre las naciones y lo indígena. Frente a la impronta que desafía continuamente ese orden demográfico modernista, es necesario buscar espacios para presentar los desafíos que significa el reconocer la legitimidad de lo indígena como parte de nuestra cultura.

Concluyendo, es necesario generar un cambio en los repertorios culturales que los Estados promueven, de forma de que estos amplíen sus fronteras e integren a los actores que, evidentemente, han sido parte de su cultura. Creo que, para ello, debiésemos empezar a ver a lo indígena como parte de nuestra arraigambreidentitaria personal es por eso que, desde hoy, y por este medio digo: ¡Me siento orgulloso de ser mapuche!

 

 

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