Hacia una des-naturalización del modelo binario: masculino-femenino

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Por Camila Parodi

“El cuerpo y sus movimientos, matrices de universales que están sometidas a un trabajo de construcción social, no están ni completamente determinados en su significación, sexual especialmente, ni completamente determinados, de manera que el simbolismo que se le atribuye es a la vez convencional y ” motivado”, es percibido por lo tanto como casi natural”.

Pierre Bourdieu.

La división de los sexos que se presenta cotidianamente en nuestras conductas, hábitos y corporalidades parece ser natural, normal y por lo tanto incuestionable, es sin embargo dentro de la estructura social, una máquina simbólica que tiende a fortalecer la dominación masculina en la que se apoya la división sexual-social del trabajo el cual se aplica a todo en el mundo, y particularmente a nuestros cuerpos.

Para comprender la forma actual de relacionarnos con nuestros cuerpos y por ende con las personas, es necesario remontarnos a las primeras divisiones sexuales-morales del trabajo de la humanidad, donde se nos han asignado tanto a varones como a mujeres roles, ocupaciones y status sociales distintos marcadas inicialmente por la diferenciación biológica entre ambos sexos, peroal ahondar un poco más en el tema, vislumbramos cómo estas construcciones de relaciones y estereotipos entre varones y mujeres tienen una base social, fortalecida tras años de historia y de cultura patriarcal-binaria. Se han determinado conceptos y roles según el sexo, estableciendo así “el género” como algo rígido e incuestionable, representados en la diferenciación de corporalidades, gestos, espacios, honores, acciones. En este reparto, históricamente las atribuciones de mayor importancia han correspondido a los varones y las menos trascendentes, a las mujeres.

Para mantener este esquema de dominación con tantos años de recorrido, podríamos ver que es necesaria una conducta esperada de cada persona, que dependa de su sexo-edad,  a la que se le aplicaran normas generales en toda la sociedad, y necesarias para mantener el equilibrio y el orden en la sociedad patriarcal. Donde lo externo, viril, valiente y público se corresponderá e impondrá como conducta del varón, y lo sagrado, íntimo, privado, delicado y sumiso se asignará a la mujer de manera opuesta y a la vez, complementaria, dualidad fundada quizás en años de tradición judeocristiana que nos ha habituado a la expresión clásica de la oposición puro/impuro, que reflejará ésta dicotomía masculino/femenino dentro de la estructura de dominación y a su vez la consolidará como tal. Las cualidades morales que caracterizan a cada género son la fortaleza y responsabilidad de los varones y la vergüenza sexual de las mujeres. Ellas se combinan para constituir el concepto global del honor que le corresponde a la familia entera, lo que deriva en distintas formas de conducta para sus diferentes miembros. La falta de castidad en las mujeres pone en peligro el honor de la familia atesorado por los antepasados, mientras que en el caso de los hombres destruye el honor de otras familias.” (Pitt Rivers, 1979:). Se expresa la idea de un honor común que une los diferentes criterios de valoración procedentes de dicha división moral del trabajo, donde como se ha dicho, los varones son responsables de proteger el honor de sus mujeres, asociado íntimamente con la pureza sexual de ellas mismas y por ende todo el honor general de la familia está asociado con el modo en que ellas cumplan esta responsabilidad. Esto nos podría llevar a la relación con las actitudes-conductas distintas de ambos sexos en cuanto a los ámbitos público-privado, es decir, el honor masculino estará en función del femenino, su cuidado y preservación por eso este será exterior y agresivo, y el de la mujer interior y vulnerable. Los varones (sujetos) protegen políticamente la pureza sexual de sus mujeres (objetos) en esa pureza radica el honor moral general de la familia, este es la esencia del honor ya que está en conexión con lo sagrado, distinto del honor político-social. Cuando las y los dominados aplican a lo que las y los domina esquemas y conductas propias de la dominación sus actos de conocimiento éstos serán inevitablemente actos de re-conocimiento, es decir de sumisión. Ahora bien, desde este nuestro presente, algunas de estas formas de relacionarnos entre varones y mujeres han cambiado, sin embargo otras quizás se han disfrazado. Estos estereotiposrepetidos están naturalizados en nuestros sentires y haceres, se han grabado en nuestros cuerpos y los llevamos soldados en nuestras corporalidades a la hora de relacionarnos y quizás es por eso que cuesta tanto cuestionarlos, porque son “parte nuestra”.

Aún mujeres y varones estamos siendo los oprimidos y a la vez opresores en este esquema, tras la repetición de dichas conductas y relaciones, es necesario empezar a ver, interpelar, discutir, romper, inquietar de manera distinta, desde otros caminos, para no reproducir esta repartición desigual del poder, naturalizada e instituida. No podemos pelear por ese poder lineal, jerárquico, y desigual, tampoco lo queremos. Queremos luchar por un poder circular que se construya de manera igualitaria entre varones y mujeres, y para eso ya sabemos por donde no ir, será cuestión de empezar a buscar los caminos por donde sí.

 

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