La divina Colette

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Biografía: Sidonie Gabrielle Colette

Por Analía Daniela López

 

A Colette se la puede definir como a una persona que vivía para escribir y escribía para vivir. Su vida fue la musa inspiradora para muchas de sus novelas: atravesó dos guerras mundiales, los alocados años de la belle epoque, tres matrimonios e invariables amantes que le sirvieron para nutrirse de historias mundanas, de sexo, intrigas y de todos los colores de amores. Ella simplemente tuvo la grandeza de transcribirlos al papel.

Sidonie Gabrielle Colette nació el 28 de enero de 1873. Su madre le enseñó a leer antes de cumplir los tres años – ella hizo lo mismo con su hija- y a los 7 años se inició su amor por Balzac.

Pero la historia literaria de Colette empezó oficialmente de la mano de su primer matrimonio con Henry Gauthier-Villars o más conocido como Willy; un hombre de mundo que a sus 33 años se casó con una colegiala rural de 19. Aunque se conocían desde la infancia de ella, la unión entre un dandy y una campesina despertó comentarios y la misma Colette respondió a esto: “Digamos que si hay tantas chicas que ponen sus manos en una zarpa peluda, ofrecen sus labios a una boca codiciosa o contemplan con serenidad la enorme sombra masculina de un extraño, es sólo porque la curiosidad sensual susurra irresistibles consejos”.

Willy era editor, crítico y escritor, además de firmar libros de otros escritores como suyos. Reclutaba a estos jóvenes escritores en los cafés, fue ahí donde Colette conoció el mundo literario. Por el año 1895 el nombre de Colette se relacionó con algunas críticas musicales y ese mismo año Willy abrió su taller de producción novelesca a la que su esposa se incorporó con la premisa de apuntar todos los recuerdos de su escuela primaria, sin descartar los detalles picantes. Así comenzó la saga Claudine en la escuela. No se sabe bien quién escribió qué en el libro, pero Willy firmó como autor y pasaron dos guerras mundiales hasta que Colette obtuvo los derechos de autora.

Claudine saltó a la fama, toda Francia hablaba de las aventuras de esta colegiala y sus picardias, y su secuela no se hizo esperar: Claudine en París. Colette recordará años después que su marido la encerraba bajo llave para que escriba. En Claudine y el matrimonio las jóvenes Claudine y Rézi se conocen en una fiesta y empiezan una relación lesbiana mientras su marido es voyeur en primera instancia y activo participante después. Willy da una versión de esta historia; Colette conoce a Georgie Raoul- Duval, americana casada con un francés, en un salón literario. Georgie empezará una relación con ambos esposos.

La vida del matrimonio y sus andanzas se verán reflejadas en las novelas de ambos escritores, incluso más allá de la separación, donde las páginas de un libro serán la excusa para el litigio de los ex amantes. Y esto será una constante en la vida literaria de la autora.

Finalmente en 1904 apareció Diálogos de animales primer libro firmado por Colette. Para ese entonces Willy salía con una joven llamada Meg y Colette con una mujer madura llamada Missy -que tenía ascendencia de lo más real, bisnieta de la emperatriz Josefina y descendía de los Romanof de Rusia- se vestía con ropas masculinas y se comportaba de modo viril, con 10 años más que Colette, se convirtió en su protectora y malcriadora: “Una mujer disfruta con la certeza de acariciar un cuerpo cuyos secretos conoce y cuyas sugerencias son sugeridas por el suyo propio.”

Colette, distanciada de Willy decidió dedicarse a actuar para ganarse su propio dinero. Su primera aparición en una pantomima tuvo lugar el 6 de febrero de 1906, allí mostraba las piernas y algo más, en una época donde en los teatros serios no se hacían esas cosas.

Un hombre podía dejarse ver por la ciudad con sus amantes, pero su mujer no podía hacer lo mismo. En 1907 se separaron legalmente, Willy pidió el divorcio aduciendo abandono de hogar.

Fue la mamá de Colette, Sido, quien reclama a su hija la vuelta a las letras y el abandono de las tablas. En esa época los rumores aumentaron; se sostenía que Colette vivía de un modo inusual, se le criticaba especialmente haber roto con las convenciones. En una carta a Robert de Montesquiou afirma “Pero le aseguro que no soy una persona horrible, ¡Y que mi comportamiento no se funda en la maldad!”. Creía que una mujer podía vivir sola y ganarse la vida.

Uno de los problemas a los que se enfrentó Colette a lo largo de toda su vida fue la necesidad de escribir para sobrevivir. El periodismo fue una forma válida de ganarse la vida. Parte de su obra son encargos que le hacían en el momento y la mayoría de sus novelas se publicaban por entregas en revistas.

Corría el año 1911 y Colette incursionaba por diferentes amores, hasta caer en los brazos del galante Henry de Jouvenel, hecho que la convertiría en baronesa y en madre de Colette de Jouvenel des Ursins, que nació el 3 de julio de 1913. Colette admitiría que los sentimientos maternales le habían llegado gradualmente y ante ello pensaba “Nunca serás otra cosa que una escritora que ha dado a luz”. Premisa que llevó a la práctica.

La gran hecatombe de la primera guerra mundial encontró a Colette en solidaridad con otras mujeres, formando una comuna para sobrevivir. Henry se encontraba en el campo de batalla y Colette como periodista, cubrió la guerra con su ojo crítico.

La novela que la consagrará a la fama como escritora -Chéri- se adelantó a una de las historias que marcaron a fuego a Colette. Una mujer madura al final de su vida amorosa y un joven al principio de la suya. A sus 38 años, Colette se divide entre ser la anfitriona en el hogar Jouvenel y la escritora en búsqueda de nuevas sensaciones que deambula por barrios de mala reputación.

Bertrand de Jouvenel no es Chéri -el libro ya estaba publicado cuando se conocen- pero las similitudes serán considerables. El hijo de Henry fue su Chéri en la vida real, ambos compartían al amor por la literatura y muchos años después él se convertiría en un aclamado escritor -por incentivos de su madrastra, hecho que nunca olvidó-.  Bertrand y ella, luego de idas y venidas, llegaron a la conclusión que su amor no era posible. Su relación amistosa sin embargo continuó por largos años.

Por otra parte, el matrimonio de los Jouvenel estaba destruido. Colette acusó a su marido de estar ocupado en citas amorosas como para ser capaz de darle amor, a su vez consideró que ella y su marido se permitieron ciertas libertades y que él se cansó del juego.

Corría el año 1925 y se encontraba divorciada, es por ese entonces que conoce a Maurice Goudeket por entonces de 35 años, el último de sus maridos y quien la acompañó hasta el día de su muerte. Se llevaban dieciséis años y seis meses, pero eso nunca fue un obstáculo para Colette.

Colette continuó escribiendo, y mucho; artículos para periódicos y revistas, adaptaciones escénicas, diálogos cinematográficos, conferencias e innumerables cartas diarias. En 1944 escribió otro memorable libro Gigi, que se hizo mundialmente famosa al ser llevada al cine por la Metro Goldwyn-Meyer. Colette participó activamente en la adaptación del guión.

En la segunda guerra mundial escribió relatos mundanos apolíticos y sólo en una ocasión su pluma se vió manchada al lado de una propaganda nazi. Hecho que no pasó desapercibido y que le valió no menos de un dolor de cabeza, pero las necesidades materiales siempre estuvieron presentes en la vida de Colette y parte de su obra refleja los apuros a los que se sometía por conseguir dinero, y en estos años se incrementó la necesidad al tener que cuidar a su esposo judío y vivir en una Francia ocupada.

Colette trató en sus novelas siempre el tema del amor entre mujeres: “Un hombre o una mujer anormal nunca se sentirían anormales; antes bien todo lo contrario”; en una de sus novelas una joven bailarina muere por un aborto, en otra trata el abuso de un padre hacia su hija que queda embarazada producto de la violación. Figuras incómodas que llegaban al gran público masivo.

Sus últimos años la encuentran con un reumatismo severo pero no por ello apartada de la escritura. Rodeada de homenajes y ya como consagrada escritora francesa, la diva muere en su amada París a los 81 años rodeada de sus dos amores, Maurice y Colette II.

 

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