Por Mariana Ladino
Década paradigmática en numerosos aspectos: el giro político que dio Estados Unidos con el presidente Kennedy, el papel de los jóvenes en contra de la guerra de Vietnam, la liberación de las minorías y las luchas emancipadoras, etc.
Pero si hoy hablamos de género y del papel femenino en la sociedad actual, mirar hacia el pasado nos orienta por demás a la hora de pensar sobre el aspecto sexual en la mujer. ¿Qué hay de la liberación y del erotismo en la década del 60?
La sexualidad femenina de este período se extiende a un terreno que no es arbitrariamente el de la procreación sino el del placer, la aparición de la pastilla anticonceptiva devela este hecho. La mujer debió descubrir el placer, investigarlo, experimentarlo y aprenderlo. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la sexualidad es un aspecto clave en la vida de las mujeres y los varones, que incluye un amplio espectro de aristas: “(…) el sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual”.
El quiebre, el estallido que se produce en aquellos tiempos nos hace reflexionar que para que haya sucedido esto, algo se rompió, el confort de la sociedad moderna y propia de la clase media ya tenía varios años, pero ¿qué hacía infeliz a esa mujer de mitad del siglo XX que ya no calló más, que sentía que debía quebrar con lo que estaba impuesto?
HanifKureishi, en Ocho Brazos Para Abrazarte habla de la importancia de los Beatles y de la cultura de masas como trasfondo escénico de la época. Cantan los fabulosos cuatro: “Miércoles a las cinco de la madrugada, justo al amanecer. Ella cierra en silencio la puerta de su habitación, dejando una nota con la esperanza de que lo explique todo, baja a la cocina estrujando su pañuelo, gira con cuidado la llave de la puerta trasera, sale afuera, es libre”.
Es que la nena se fue a ser libre, a experimentar el placer que no conoce, a encontrarse con un tipo. Es que son los sesenta y la mujer explora nuevos sentimientos que le habían sido negados, ella debía ser portadora de esa moral blanca y de clase media. De familia patriarcal, donde el padre domina, protege, asfixia. Ella debía conocer a su compañero ejemplar y casarse, ser de otro hombre y forjar una familia católica y de bien. No se discute lo que papá dice, ella no se revela, debe ser dama de su hogar.
Sin embargo, la joven de She’s leaving home escapa al mandato, al sesgo conservador que la atrapa. Y por fin descubre y no hace más que descubrir. Surge la noción de placer que explotó de una vez. Eso que se muestra en los gritos desmesurados de aquellas fanáticas de Los Beatles, un erotismo exacerbado, que ya no calla, la histeria como puro reflejo de la cultura de masas, ya que esta es la que hace público al placer. Pero también como signo de rebeldía, de romper con lo establecido previamente, con las normas y preceptos conservadores. Porque el placer era signo del instinto y eso no era algo bueno, debía ser acallado, reprimido, no debía emerger en la mujer y por supuesto, era pecado. Desde el mundo antiguo la sexualidad femenina fue propiedad de la maternidad, mientras que era el hombre el que podía conseguir el placer por sí mismo, subyugado puramente por los preceptos católicos.
El recorrido es largo y arduo hasta que se arriba a los sesenta y trae consigo los intentos por la emancipación femenina, lucha que perdura en el mundo actual, posmoderno. Sin embargo, la importancia radica en que en ese momento tuvo lugar y no en otro, ahora el protagonista es el cuerpo, con su materia viva y plena.
Lejos de creer que ya no hay nada que reclamar y que se haya llegado a la liberación plena, si hacemos un salto irreverente y despiadado hacia el mundo actual, nos encontramos con el hedonismo y su empoderamiento del placer como objetivo único. Entonces, tendremos otras cuestiones a las cuales atender: el sexo como mercancía, la mujer como objeto y su respectiva cosificación en los medios, entre otros planteos inmediatos.
Mientras, a mano tendremos a los Beatles y su expresión eterna y dulce, que nos hace recordar que hubo una chica que se fue, y pudo ser libre alguna vez.
Imagen: Inés Vergottini
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