Un desafío de fronteras: Tununa Mercado

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Por Mabel Bellucci*

Las narrativas latinoamericanas durante las post-dictaduras exhiben marcas que operan como suturas de la memoria. Es el caso de la prosa de Tununa Mercado, aunque también representa una rara avis. Además de ser, sin duda, una de las mejores plumas argentinas contemporáneas, es una feminista sin vuelta atrás. La experiencia desgarradora del fogueo del exilio en México amplió su interpretación sobre los derechos humanos e impactó en su trayectoria militante. Si bien ella cabalgó entre el feminismo de los setenta y los ochenta en nuestro país, además se comprometió vivamente -entre otras grandes causas- con tal ideario durante su destierro. Por otra parte, fue una de las pocas mujeres que se presentó a una candidatura legislativa en la Ciudad de Buenos Aires con el compromiso de sostener el debate del aborto clandestino durante la campaña política, en 1993; perseverancia ideológica que sostiene con un activismo de garra hasta el presente. Por esa razón y por muchas otras más, Tununa permite mapear el penoso peregrinaje de las mujeres refugiadas, exiliadas y asiladas por las grandes urbes de Europa y de América Latina. El propósito de tantas de ellas fue explorar teorías, experiencias y materiales que acontecían en esos lares para después repatriarlos en beneficio de sus congéneres, al volver a la Argentina a partir de la transición democrática.

Durante su exilio, a pesar de confrontar con otra cultura, Mercado se zambulló de lleno en la producción literaria e hizo de su pluma un pincel. Ahora, con una tonada cordobesa, narra lo que tantas veces contó en otros testimonios: “Marché a las corridas de Buenos Aires casi con lo puesto. Fue en octubre de 1974 a raíz de las constantes amenazas de la Triple A. Noé Jitrik, ya estaba en Distrito Federal y allí nos quedamos con mis dos pequeños hijos. Estuvimos catorce largos años. En el ostracismo se jugó la suerte de tantísima gente que escribía sobre todo investigadores y críticos”. No bien llegó a México empezó a colaborar free lance en algunos periódicos, a traducir y a volcarse a la literatura. En 1977 había publicado un solo libro y allá comenzó a componer “Canon de alcoba”, una serie de textos muy heterodoxos, en donde se conjuga el registro erótico, con pequeños poemas en prosa. Y sin pérdida de tiempo, con tenacidad, también revivió su compromiso feminista.

Residir en México le significó a ella como a tantos otros compatriotas, un ejercicio de integración en un país hospitalario. Al grueso de la comunidad argentina les proporcionó oportunidades para trabajar, escribir y publicar, bajo una matriz retórica común que los reconciliaba frente al desafío de las fronteras. Así, ingresó en el semanario Tiempo y también en el Instituto de Bellas Artes. En una entrevista editada en el Suplemento Radar Libros, el 11 de junio de 2006, Tununa cuenta sus primeros pasos:

“Al principio pude armar una oficinita de prensa en la Dirección de Artes Plásticas del Instituto Nacional de Bellas Artes, desde la cual logré crear un espacio para la elaboración de introducciones a catálogos de artistas mexicanos, comentarios de las exposiciones de pintura que se inauguraban, críticas de arte… Fue para mí una experiencia muy fuerte como escritora”. Apenas, lanzada la histórica y emblemática publicación FEM, Tununa se unió al proyecto junto con otras compañeras que colocaron en el centro de sus objetivos aquellos derechos sentidos como propios. Para ella una de las reivindicaciones más importantes por las que la revista luchaba era por la despenalización del aborto. Además, considera que como exiliada política, este espacio fue solidario y atento a las revueltas de América Latina, politizado en el que, con matices, nunca separó el feminismo de un concepto socialista y revolucionario. Según, el artículo de la historiadora Karin Grammático ”Feminismos en clave latinoamericana: un recorrido sobre Fem, Isis y Fempress”, editado por Mora, en septiembre de 2011, Tununa relata lo siguiente : “Si yo tuviera que decir a la luz de la comunicación que después existe en el mundo, me atrevería a hablar de una intensidad en los enfoques. Se publicaron un conjunto de números monográficos sobre las campesinas y el silencio que constituyó un corte sobre la sociedad campesina en México; dos números que se hicieron sobre las reuniones internacionales de mujeres, que son modelos de discusión o de críticas acerca de ese tipo de reuniones; un número muy importante sobre aborto; otro sobre la vejez, sobre feminismo, cultura y política. La revista expresó, al mismo tiempo, un resumen de la crítica que en ese momento existía en distintos sectores del feminismo”. Otro de los valores importantes de FEM fue el de acompañar al movimiento de las minorías sexuales que emergió hacia comienzos de los años ochenta en el país azteca.

El grupo de la revista se reunía una vez por semana para discutir los temas que se iban a abordar en los distintos números. Nuestra estilista daba a conocer sus puntos de vista sobre una diversidad de ejes aunque su potencial lo alojaba tanto en la poesía como en el arte.

Así, en esa colectiva su desempeño se centró como secretaria de redacción, es decir, editaba, corregía pero también traducía textos del francés al castellano e invitaba a compañeras de ruta a participar con su escritura. Por esa razón, al revisar FEM se descubren nombres de argentinas, compinches de sus andanzas feministas cuando vivía en Buenos Aires, que fueron convocadas por ella. Se publicaron artículos de Felisa Pintos, Mirta Henault, Otilia Vainstok, entre otras tantas. También colaboraron las investigadoras Martha Roldán, Adriana Puiggrós, Mabel Piccini como Isabel Larguía, desde su residencia en Cuba. Mientras María Elena Walsh brillaba con luz propia. Por último, Tununa describe esa cálida vivencia del activismo político y cultural como un espacio solidario e interesado en las disputas de nuestro continente: “Desde sus primeros números, FEM  hizo explícita una doble apuesta. Por un lado, ligar su postura académica con la praxis política feminista; por el otro, enlazar las realidades de las mujeres mexicanas con las múltiples experiencias que atravesaban sus congéneres de América Latina”. Y en el desarrollo de esa apuesta, esta publicación fue construyendo una mirada feminista propia –teórica, política y latinoamericana– que supo decantar en redes, vínculos, espacios y otras iniciativas viables para una praxis feminista.

Al examinar los innumerables reportajes que le realizaron a nuestra escritora a lo largo de más de veinte años, se descubre que atravesó un primer exilio en Francia. En efecto, fue en 1966 con el golpe de Juan Carlos Onganía, el dictador que se proponía gobernar nuestro país por cuarenta años. La autodenominada «Revolución Argentina» tuvo como blanco principal poner fin a la insurrección popular creciente tanto por la agitación estudiantil como obrera industrial. La llamada «Noche de los bastones largos», expulsó a un sinnúmero de profesores, investigadores y científicos de las universidades argentinas. En 1971, ella y su marido, decidieron volver e instalarse en Buenos Aires. Allí, comenzó a volar su gallardo estilete en la revista Claudia, Vogue, para terminar después en el diario La Opinión, en una sección llamada “La Mujer” junto con Felisa Pintos. Ambas intervinieron de manera hilarante e irreverente a modo de la armada Brancaleone feminista dentro de las huestes intelectuales que trabajaban en ese acreditado periódico.

Por todo ello y muchas cosas más, las militantes políticas devenidas en activistas feministas unidas a las históricas feministas, como es el caso de Tununa, de regreso a nuestro país lograron decir y hacer algo que se mantenía oculto. No fue extraño, entonces, que en las luchas por las reivindicaciones alrededor de las sexualidades y, en especial, por la conquista del aborto voluntario se hayan encarnado en nuestro movimiento feminista hacia mitad de los años ochenta en adelante. Fue a partir del nacimiento de la Comisión por el Derecho al Aborto, a cargo de la feminista Dora Coledesky también de regreso de su exilio francés.

*Activista feminista queer. Autora Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo, editado por Capital Intelectual.

 

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