Luta Ca Caba Inda: la lucha no ha terminado

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Entrevista a Diana Mc Carty

Por Valeria Tellechea y Sofía Espul

 

Durante el pasado mes de septiembre se llevó a cabo la 8va edición del Festival de Cine Migrante. Este año, el tema central “Las vidas negras importan. La construcción de la negritud”, ocupó gran parte de la grilla y Diana Mc Carty, una de las pioneras del movimiento ciber-punk-feminista europeo, fue la encargada de la presentación de las películas de esta sección.

 

Diana nació en Nuevo México, Estados Unidos, pero desde hace más de 20 años vive en Berlín, donde desarrolló proyectos de comunicación alternativa ciberfeministas que involucran medios radiales –reboot.fm– y digitales –Faces-, e indagó el cruce entre género, arte y tecnología. Además, forma parte del proyecto fílmico colectivo Luta Ca Caba Inda.

 

Activista comprometida con la lucha, en un contexto actual donde la brecha de género en tecnología es cada vez más profunda, nos cuenta cómo afrontar, a partir de sus experiencias y del ciberfeminismo, esta tensión/exclusión, para la apropiación de herramientas y conocimientos que suelen estar culturalmente reservados a los varones.

 

Si es posible de conceptualizar, ¿qué es para vos el ciberfeminismo?

Lo puedo decir ahora: en los 90’s fui una cyberpunk, una cyborg feminista, pero en particular en Europa esto devino en algo solo para mujeres blancas de clase media que, de hecho, no eran ni cyborg ni feministas.

No debería igualmente dejar de nombrar a otros grupos ciberfeministas en México o nombres como Cindy Florez y Subrosa en USA, incluso los primeros trabajos de VNS Matrix, o especialmente el trabajo que fue hecho en Rusia con Alla Mitrofanova.

También Virginia Barratt, artista y performer, quien es una de las fundadoras originales del grupo australiano VNS Matrix, quienes en los ‘90 pusieron en práctica el concepto de cyborg que desarrolló Donna Haraway. Gracias a VNS Matrix me introduje al ciberfeminismo.

 

A principios de los noventa surgió en Adelaide (Australia) un grupo de artistas y activistas que se dieron en llamar VNS Matrix y escribieron el primer Manifiesto Ciberfeminista. VNS Matrix nació en el verano de 1991. Desafiando las identidades de género en el ciberespacio, Francesca da Rimini, también conocida como Gashgirl [la chica del navajazo], nos da su versión de cómo empezó todo: “Como toda buena historia de coagulación, empieza con fluidos viscosos y quizás terminará en sangre. Vivo en una pequeña localidad al borde del desierto australiano, un lugar de mentiras y susurros con un vientre palpablemente palpitante… Era el verano del 91. Desde luego, no era el verano del amor. Éramos cuatro chicas. Teníamos calor, nos aburríamos y éramos pobres (para mí, las cosas han cambiado poco, excepto que ya no me aburro). Decidimos irrumpir en el cártel del porno y hacer algo de chick porn [porno de mujeres]. Creamos unas imágenes usando ordenadores robados: Beg, Bitch, Fallen y Snatch. Decidimos que era más divertido jugar con ordenadores que mirarnos continuamente el chichi y así Velvet Downunder se convirtió en VNS Matrix. Etiquetamos el virus del nuevo desorden mundial impulsadas por el vino tinto y las babas vaginales (que sólo podían reponerse si nos dedicábamos con frecuencia a actividades placenteras)”.

VNS Matrix estaba compuesto por Josephine Starrs, Julianne Pierce, Francesca da Rimini y Virginia Barratt, perpetradoras de una serie de intervenciones ciberfeministas como Bad-code, un anti-videojuego pensado para chicas (o en todo caso, no para chicos de catorce años) en el que aparecen personajes como Big Daddy Mainframe.

Para apreciar el manifiesto ciberfeminista de VNS Matrix en toda su fuerza, vale la pena echar un vistazo a su aspecto original:

Su lema, “el clítoris es una línea directa a la matriz” [“the clitoris is a direct line to the matrix”], pretende subrayar una coexistencia material fundamental entre la máquina y el cuerpo. Construyeron un activismo con discurso propio centrado en torno a la relación entre mujer y tecnología.

Fuente: http://www.estudiosonline.net/texts/galloway.html

 

Es interesante porque en ese momento Australia era un territorio geográficamente marginal, políticamente difícil por diferentes razones, pero además porque estas mujeres provenían de un pasado de clases trabajadoras, de mujeres que eran madres solteras quienes habían tenido experiencias reales que las trajeron a las políticas feministas y que las acercaron al ciberfeminismo.

Recientemente organicé un panel de discusión en Linz, Austria, sobre electrónica y los organizadores me pidieron colaboración porque tenían problemas en conseguir mujeres en esta temática. Me dí cuenta porqué: es porque no les gusta tener mujeres allí.

Algo en lo que todas coincidimos en ese panel es que ahora más que nunca hay una necesidad de que el feminismo se involucre críticamente en la tecnología porque hoy en día nos atraviesa en todos los aspectos de nuestra vida. Claramente no hay televisión, no hay films, no hay radios que no estén conectados con el Big Daddy Mainframe (personaje de videojuego creado por VNS Matrix que hace referencia a una idea de Gran Hermano, varón, que todo lo controla).

Hay varias partes de nuestra vida que están conectadas a la infraestructura tecnológica y éstas están en manos de Estados y corporaciones a los que no les importa las personas y menos les interesan las mujeres, las minorías y los pobres. El feminismo crítico -o como quieran llamarlo- debe tener un involucramiento político acerca del uso de la tecnología.

 

El proyecto FACES sobre género, arte y tecnología ¿de qué se trata y cómo funciona hoy?

Faces empezó por diferentes razones. Kathy Rae Huffman, productora y curadora de arte, vivía en Viena. Había trabajado con el concepto de video art y media art desde hacía mucho tiempo y su trabajo fue muy importante porque permitió el acercamiento a la tecnología y el arte para las artistas. En los 90` realizó un proyecto llamado Faces Settings, donde organizaban cenas con mujeres artistas que, de alguna manera, estaban relacionadas con internet y las nuevas tecnologías, como una forma de conocerse y formar redes.

Así que nos juntamos y empezamos a pensar en que necesitábamos una lista de mailing. Comenzó en Berlín en la primavera de 1997; luego realizamos diferentes eventos, festivales, conferencias. La idea era aunque sea saber sobre lo que otras mujeres estaban haciendo con la tecnología y los medios. Era principalmente para nosotras porque sabíamos que estábamos ahí, era conocernos, saber de nuestros proyectos. Esta lista funciona desde hace 20 años. Sin embargo, el presente de la página es bastante débil, al ser un proyecto desarrollado en un servidor no comercial, del que no se obtienen ganancias, es difícil su constante actualización, aunque igualmente nunca buscamos la masividad sino que se trató de comunicarnos entre nosotras, de forma más privada.

En la lista hoy en día probablemente haya alrededor de 800 personas que están dentro de la gran familia. Hicimos varios eventos este año y esperamos muchos más. Lo bueno es que FACES es una plataforma donde muestran sus trabajos, comparten sus eventos y luego las mujeres se organizan entre ellas.

Al principio, muchas mujeres, especialmente las que trabajan en tecnología, se sentían incómodas de reconocerse feministas en esa época. Pensamos de todas formas que el ciberfeminismo debía ser un espacio político del feminismo. Hoy en día FACES es más feminista de lo que era.

 

¿Y en relación a Reboot.fm?

Es un proyecto feminista de artistas libres y digo que es feminista porque estructuralmente lo es. Hoy en día más del 50% del staff son mujeres y ocho de los programas son específicamente feministas, algunos con un enfoque de feminismo interseccional, con grupos de refugiados, con feministas negras. Cuando nos pusimos a organizar la radio alrededor del 2002-2003, nos dimos cuenta que en Alemania cualquier tipo de radio comunitaria o radio libre estaba totalmente dominada por hombres blancos. Reconocimos que había un problema y también otra manera de hacer las cosas. Consultamos con varias radios para saber cómo se organizaban por su cuenta y nos pusimos a buscar grupos de artistas, grupos políticos, colectivos, etc. que hoy lleva a ser una radio con una gran conexión de redes entre otros proyectos similares.

 

¿Por qué estás aquí en el Festival de Cine Migrante?

Estoy aquí para presentar el film Spell Reel, dirigido por Filipa Cesar, este film el resultado de un proyecto que ella estaba haciendo con Sana Na N’Hada, un cineasta de Guinea Bissau; no es una figura conocida en el mundo del cine pero fue muy importante. Él fue entrenado en Cuba con Santiago Álvarez; luego trabajó con Chris Marker. Spell Reel es el resultado de un trabajo colaborativo de 7 años, que a su vez también inició muchas otras colaboraciones. Estoy acá para presentar ese film, del cual soy la asesora del guión y consejera cósmica.

Mi relación con esta película se explica también por mi participación en el proyecto colectivo Luta ca caba inda (que significa: La lucha no ha terminado, en lenguaje creole), este es el lenguaje que hablaba Amilcar Cabral, en la época en que Guinea-Bissáu seguía al mando de los portugueses, para escapar al lenguaje de la colonización portuguesa, utilizaban el creole como lengua franca. También es el nombre de uno de los films no terminados que forman parte de Spell Reel.

 

¿Cuál fue tu impresión del movimiento feminista en Argentina?

Lo que sé sobre el movimiento en Argentina es que hay muchos grupos de mujeres movilizadas. Conozco a las Madres de Plaza de Mayo pero lo que veo es que hay muchas batallas que librar aquí, por ejemplo el film Jackson que trata sobre derechos reproductivos en Mississippi tiene una relación directa con lo que pasa en Argentina, además que están librando batallas políticas que están pasando en todo el mundo ahora, que tienen que ver con la emergencia de la derecha, con políticas de normalización fascistas, que nunca son buenas para las mujeres y las identidades no hegemónicas, ya que siempre pretenden que se callen y solo estén en casa teniendo hijos e hijas o bien invisibilizadas. Esto está pasando actualmente en Polonia, Hungría y en muchas otras partes de Europa pero también a lo largo de Estados Unidos y América. Me gustaría conocer más acerca de los movimientos feministas argentinos, queda pendiente para una próxima visita.

 

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