Por Anahí Más y Valeria Tellechea
“Siempre me ha desagradado ser un hombre… incluso la expresión ‘¡Sé hombre!’ me agrede como algo insultante, injurioso. Quiere decir: Sé idiota, insensible, obediente, soldadesco, y deja de pensar. La Masculinidad… una mentira odiosa y castradora… que es por su propia naturaleza destructiva, emocionalmente perjudicial y socialmente dañina.”
Paul Therox.
Pensar el género no es simplemente pensar cuestiones que tienen que ver con las problemáticas de las mujeres. Si definimos género como un conjunto de pautas de conducta o patrones de relaciones asignados a cada sexo en las distintas culturas para demarcar las diferencias socioculturales que existen entre varones y mujeres y que son impuestas por el sistema de organización político, económico, cultural y social y, que por lo tanto, son modificables, ¿cómo debemos pensar a los varones en este contexto? Si la masculinidad, como estereotipo, está asociada con la fuerza, la violencia, la agresividad y la idea de que es necesario estar probando y probándose continuamente que se «es hombre», ¿cómo escapa un varón a ese estigma? ¿Cómo logra generar y desarrollar otro tipo de masculinidad? ¿Y cómo el varón comienza a ser parte de ese cambio hacia una sociedad más justa y equitativa?
Raydel Romero Cabo es Historiador-Investigador Social y Coordinador General de la Organización Multidisciplinaria Latinoamericana de Estudios de Masculinidades (OMLEM). Desde hace varios años estudia las problemáticas de género y piensa el lugar del varón como sujeto que también debe construir, deconstruir y reconstruir su lugar en las relaciones sociales.
¿Qué significa hablar de masculinidades?
Actualmente hablar de masculinidades es entrar en un campo tanto académico como de movimientos sociales, a partir de la importancia de estudiar a los varones como sujetos particulares dentro de la búsqueda de la equidad genérica. Sus inicios surgen con el movimiento feminista en los años 70, que empieza a cuestionar las construcciones sociales en relación al comportamiento de varones y mujeres, y sobre todo tratar de reivindicar el papel de la mujer y contra su supeditación, es decir, darles protagonismo. A partir de ahí nace la cuestión de pensar ¿qué hacemos con los hombres? Pues los hombres siguen sin entender que es importante la mujer dentro del espacio social. Las mujeres entendieron que el espacio público se les había relegado por esta estructura patriarcal y machista, y de cierta forma esto había generado una conciencia social sobre el feminismo y sobre la importancia de la vida privada y pública. Y los hombres, en este momento donde las mujeres ya usan pantalones, pueden manejar autos, pueden tener los mismos empleos ¿quiénes son los empleadores? Si a los hombres se les ha dicho siempre que la mujer es para lavar, planchar y cuidar a los hijos. Entonces la idea es mirar a los mismos hombres y trabajar con ellos para que comprendan el papel de la mujer como protagonista de esta historia, partiendo de la sociedad en sí misma, y de los conceptos de ser hombre y mujer, de entenderse a uno mismo y de las crisis identitarias que pueden surgir en estos conductos sociales.
La masculinidad como concepto es una construcción social que define valores y actitudes como propias del hombre a partir de una diferencia sexual con la mujer que legitima su papel social tanto en lo público como en lo privado. Entonces, si la feminidad es todo lo que socialmente corresponde a la mujer, la masculinidad es todo aquello que le va a corresponder al hombre, pero claro, en este pastel, el que parte y reparte se queda con la mejor parte, y esa mejor parte, entre comillas, se la llevó el hombre. Pero también esta situación genera crisis identitarias por el propio peso de responder a esas masculinidades, pues el hombre constantemente debe demostrar que es hombre, que no es mujer, que no es homosexual, que desea tener un hijo no por ser paternal, sino como prueba de virilidad masculina. La masculinidad entonces va a traer consigo la construcción de la hombría, como la hiperbolización de esa masculinidad, porque entenderse a sí mismo es también aprobarse ante los otros y las otras, y esta construcción de la hombría también determina el lugar de la mujer, su condición sexual y social y las construcciones genéricas de toda la sociedad. La masculinidad es entonces una aprobación social.
¿Cuál es entonces la diferencia entre masculinidad y masculinidades?
El concepto se asocia a una idea de masculinidad única y violenta, de universales categóricos donde todos los hombres son iguales y se comportan de la misma forma, compartiendo la cultura, la raza, la religión, el espacio geográfico y las instituciones representativas de poder. Estas características son las que, igualmente, permiten diferenciar a un hombre de Medio Oriente con un hombre del Caribe, pero si bien comparten ciertas conductas de esa hiperbolización de la masculinidad, pueden ser diferenciadas o no, ya que pueden ser más conscientes, más equitativas, más andróginas en ciertos puntos, y pueden compartir ciertos espacios en común como la dominación económica, espacial, sexual. Cuando hablamos de masculinidad en plural hay que tener en cuenta las experiencias personales, las historias de cada uno en particular, según la crianza, la educación, que permite un ejercicio de la masculinidad diferente al de las normativas sociales, o cumplir ante esas mismas normativas.
Hay varias tipologías de masculinidades, que están relacionadas a realidades concretas, de cada cultura y sociedad. Una de las estrategias de los estudios de masculinidades de Latinoamérica fue estudiar el comportamiento de los hombres propios de esta cultura, no a partir desde un punto de vista europeo, sino hacia el interior de nuestras propias sociedades.
¿Cómo se desarrollan actualmente las masculinidades en Latinoamérica?
El latinoamericano es un machista más consolidado y mucho más orientado también a las propias crisis económicas que se generaron en el pasado, que dio lugar a un mayor nivel de estrés, lo cual no quiere decir que el hombre debe ser machista, sino que estas situaciones condicionan ciertas prácticas como la violencia, y para el latino el hombre debe ser macho-varón-masculino, como hiperbolarización de ese machismo. Sin embargo, se han creado igualmente muchos movimientos, muchas organizaciones y redes de personas especializadas e interesadas en trabajar con varones, y sobre todo muchos varones conociéndose a sí mismos. Desde mi experiencia como coordinador, muchos hombres sienten haber entendido ciertas cuestiones alrededor de su constructo, la relación con su padre, con sus hermanos, con la sociedad y actualmente con sus familias, e incluso con mujeres cuando realizan la importancia de trabajar también con varones, sobre todo para poder cumplir esta tan ansiada equidad que se espera.
Ahora que mencionas el trabajo de las mujeres con los estudios de masculinidades, ¿cuál es la relación con el feminismo?
Desde el feminismo se ha malinterpretado el estudio de género solo desde la mujer. Y esto ha cerrado los marcos que también incluyen a los varones como sujetos particulares de esta dinámica que se ha ejercido y se sigue ejerciendo, esta relación dicotómica entre hombre y mujer. Igualmente no se puede entender las masculinidades sin el feminismo como el movimiento precursor, y así como somos hombres que promovemos las masculinidades, también somos feministas, no podemos entender el tema género si no entendemos el tema mujer. No se puede hablar de un tema si no es desde sus raíces.
¿Cómo ves a los medios masivos de comunicación en cuanto al sostenimiento de los estereotipos masculinos?
En Argentina pasa algo muy particular en relación a los medios, pues hay un alto consumo mediático y bizarro al mismo tiempo, y por ello son fuente de varios estudios sociológicos y comunicacionales. En ellos, hay un sostenimiento muy fuerte de los estereotipos en relación al consumo. Se ha tratado de presentar al hombre metrosexual, o sea, un hombre más femenino pero no afeminado, en cuanto a la concepción de la estética, un hombre más andrógino, preocupado por la moda, que se depila, que se afeita, preocupado por su cuerpo. Antes, ese lugar estaba preservado al espacio femenino, pero esto no tiene más que ver que con un área más de consumo, pues ese hombre sigue siendo violento, pero “atractivo”.
¿Cómo se lucha con los estereotipos masculinos dominantes?
Lo importante es entender que el hombre puede comprenderse, encontrarse y saber cuáles son las consecuencias de sostener esa masculinidad, lo perjudicial que puede ser para la sociedad, para su familia y para sí mismo, individualmente primero, luego desde lo colectivo. Poco a poco se van dando estas transformaciones para nuevas masculinidades en contraposición a una masculinidad patriarcal y hegemónica, más consciente en cuanto al comportamiento de roles, de los espacios, de asumir su masculinidad sin violencia, en cuanto a lo afectivo, lo emocional, lo espiritual, en cuanto a la paternidad. Se aboga por varias formas de ser hombre pero sin supeditaciones. Lo ideal sería un Estado consciente y una educación consciente al cambio.
La Organización Multidisciplinaria Latinoamericana de Estudios de Masculinidades (OMLEM) está formada por varones y mujeres de diferentes países de América Latina y el Caribe, que brindan las herramientas, tanto prácticas como teóricas, con perspectivas de género, para el trabajo con varones, a través de cursos, programas y servicios hacia sus comunidades participantes.
Para mayor información: www.omlem.com.ar









Si, existimos, estamos en México, no tenemos vida publica, estamos en casa, en las calles, en el trabajo. Somos amigos, hijos, nietos, sobrinos, estudiantes y profesionistas. Somos pocos, pero seremos más. Somos jovenes y sabemos reconocer el trabajo de las mujeres, de las profesionistas, de las que son jefas, subordinadas, amas de casa, emprendedoras, deportistas, artistas. Nosotros también lavamos platos, ropa, planchamos, trapeamos, cocinamos, trabajamos en equipo con mujeres las buscamos por que sabemos de sus capacidades, de su alto sentido de la responsabilidad, de su empeño por hacer bien todo, somos hombres mexicanos. Hemos aprendido a ser y también hemos crecido así. Tenemos menos de 30 años, no somos todos pero seremos más. Hemos reinventado roles, sin darnos cuenta siquiera. No estan solas, han trabajado duro y por eso nosotros estamos aqui con ustedes.