Por Daniela Dicipio
“La Hegemonía es la capacidad que tiene un grupo social de ejercer la dirección intelectual y moral sobre la sociedad.”
Antonio Gramsci
Ciertos temas que antes permanecían en un círculo cerrado para quien se interese, hoy se están visibilizando, como el concepto de hegemonía, monopolio de la información, sentido, mediaciones, audiencia y el análisis del cómo se plantean las noticias y con qué interés.
Desde que los intereses económicos de ciertos grupos se vieron perjudicados, podemos observar en la pantalla chica debates sobre la actualidad de la comunicación aunque esta batalla viene de antemano por varias organizaciones que la denunciaron.
Cada lado, cada grupo económico, muestra y analiza la intención de la noticia. Un producto final que fue armado y ordenado, administrando y omitiendo la información para que se decodifique de una manera determinada. Este proceso lo vemos y lo encontramos en todas la veredas. Existe la manipulación de ambos lados. Esto fue estudiado y analizado por varias teorías.
Con la Industria Cultural, los medios de comunicación son sospechados de dominación y poder. La industria cultural produce bienes culturales, la cultura es igual que la mercancía, el individuo no decide automáticamente sino que los valores son impuestos y es una marioneta manipulada por normas sociales que crean estereotipos o modelos a seguir. Esto se da en un contexto de supuesta libertad, pero es engañosa, ya que escoger libremente bienes y servicios no significa libertad si de esa manera se sostiene un control social, una alienación del sujeto.
No nos olvidemos que fuimos o somos consumidores y consumidoras de discursos de una sociedad tradicional, cerrada, elitista, discriminadora, machista, una sociedad en la que no se podía hablar de ciertas cosas, una sociedad que no reclama por sus derechos, una sociedad donde los únicos códigos que valen son los económicos.
Un genial aporte de la psicología son los conceptos de Freud y Lacan, sobre el sujeto espectador, quienes llevan a interpretar ¿por qué se emociona el espectador frente a un producto mediático? La verdad es que apelan a los sentimientos, a la espectacularización de las noticias, de la propia vida.
¿Cuál es el límite ético del profesional, del periodismo amarillista, de la espectacularización? Hoy uno mira un noticiero y es como si mirara una película. El sensacionalismo dejó de ser exclusivo de Crónica, sino que todo el circuito de información pasó a ser una gran telenovela.
Varios paros realizan por año trabajadores y trabajadoras de medios de transportes. No es novedad que viajamos como ganado, que el laburante paga el precio de la inseguridad con su vida. No es novedad que no hay renovación ni actualización y menos mejoramiento de los trenes argentinos.
Lo que sí fue noticia es que 51 personas murieron asesinadas, sí, sí, asesinadas por la mala administración del transporte público, porque si los empleados no acatan la orden de salir se quedan sin laburo, porque éste como muchos accidentes se podría haber evitado.
Con el rol de los medios masivos de comunicación pasa lo mismo, quien tiene la primicia, quien tenga la mejor imagen, la más desgarradora, es quien sube un punto más de rating. Y ni se te ocurra no cumplir la orden de la cúpula. Todos los días vemos y oímos un asesinato de la información para así poder provocar emoción en el espectador.
Así vimos estas semanas imágenes de destino final, de una modelo muerta por “excesos” y de una tragedia que destrozó 51 familias.
Otra vez más, no importaba nada, el vale todo reina y se perdió la visibilidad del límite del respeto. La ética se ahogó en alguna cloaca a medio terminar.
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