“Por una infancia trans, sin violencia ni discriminación”

Infancias Trans - Gabriela Mansilla
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Entrevista a Gabriela Mansilla

Por Agostina Invernizzi

 

Gabriela Mansilla, mamá de Lulú, primera nena trans en recibir su DNI en 2013 acorde a su identidad de género autopercibida está llevando a cabo una campaña para informar y concientizar sobre las infancias trans. Gabriela, referente en la lucha por los derechos de les niñes trans, habla sobre la militancia y cuenta los desafíos que van surgiendo día a día, después de la conquista de la Ley de Identidad de Género.

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Estás llevando a cabo la campaña “Por una infancia trans, sin discriminación ni violencia”, la cual contará con una muestra de fotografías en el Centro Cultural Haroldo Conti. ¿Cómo surge esta idea? ¿En qué consiste la campaña? ¿Qué objetivos tiene?

Pasó navidad y me desesperé porque una está sola, nosotros estamos solitos los tres. Y me recordó a todas las otras navidades, los regalos que Luana odiaba, que el papá se fue, la violencia. Y al ver lo divina que está ahora, que era la primera navidad que no podía hacerles un regalo… y te la quedás mirando y decís, cuánto falta todavía. Fue un rejunte de todo. Me habían regalado el banner del libro, lo tenía en casa junto con los libros, e íbamos a ir a almorzar a lo de mi mamá, lo que te queda de las fiestas, lo que hace todo el mundo. Me agarró esa nostalgia, de hacer un balance y de decir, no llego. La caminé durante dos años, ¿Cuánto falta? ¿Cuánta gente que todavía no sabe? Yo tengo que hacer algo más. Agarré el banner y un libro y le dije a mi familia, “voy a hacer una campaña: Infancias trans, sin violencia ni discriminación”. Pegué el banner con cinta adhesiva en el comedor de mi mamá y dije, “¿dónde está la familia de Luana?”. Quiero una foto de cada uno de nosotros y la voy a subir al muro para que la gente se sume. El ser visibles es respetar, hay que seguir haciendo que este tema se conozca. Nos sacamos una foto con el banner, que es la tapa del libro, que es la historia. Pero no es sólo la historia de Luana, es la historia de todas las personas trans que no tuvieron esta infancia, pero sí la necesitan, y hay un montón de nenas y nenes más.

El tema de la foto para mi es mostrar la cara, visibilizarte. Si yo tengo el libro en la mano, significa que lo leí, que sé de la historia. Y si sé de la historia me comprometo, y si veo a un nene el día de mañana no lo puedo señalar, decirle que no. No puedo discriminarlo porque yo leí la historia de Lulú, que es la de muches. Hay mucha gente que ha sido y sigue siendo maltratada y depende de los demás, de cómo los maltratan, expulsan, del prejuicio. Una mirada te desestabiliza. Entonces las subí, y empecé a hacer que se sumen mis amigos. El que leyó el libro, pero después pensé, no, no sólo el que lo leyó, hay gente que también conoce la historia o se informa. Entonces hice un cartel con un fibrón, la foto podía ser con el libro o con un cartel. Pensé en la campaña de #Niunamenos.

Pasó un mes y empezaron a llegarme un montón de fotos. Me pregunté entonces, “¿y ahora qué hago con todas esto?”. Pensé en hacer una muestra en algún centro cultural, todavía no tenía ni el Conti, nada. No tenía un espacio, pero pensaba hasta ir al Congreso y ponerlas en la plaza, o en la Plaza de Mayo. Entonces empecé a hablar y a decir que quería hacer una muestra con todas las fotos, un mural, que la muestra tuviera dibujos de les nenes y nenas trans que yo conozco. No quiero que esta campaña sea solo por Luana, hay muches nenes y nenas. Les escribí a las mamás de estos niñes que conozco, para que se sumen con todos sus dibujos, no con fotos de elles sino con sus dibujos.

Una vez fui a una muestra en La Plata, donde había un sector con archivos de los edictos policiales, de cuando detenían a las chicas travestis en aquella época, vos pasabas y podías ver las fichas. Me gustaría que sea algo muy didáctico. Pensé en que podría haber un espacio para los chicos, dibujos, carteles con mensajes, simples, como: “los colores son de todxs”.

El otro día por ejemplo, estábamos sentadas con Luani y Elías, tomando el té en un lugar que era todo rosa y él estaba incómodo. En la escuela, en la sociedad entera, te imponen el rosa y el celeste. Elías se ponía nervioso porque ese lugar era de nena y él no es una nena. Me gustaría empezar a deconstruir en les niñes, la idea de que te imponen, que esto es de nena, esto es de varón. Que en la muestra haya fragmentos de la ley, me di cuenta que la gente no la conoce. A las mismas mamás que quieren defender a sus niñes en las escuelas, les tengo que decir que vayan con la ley impresa y que en la escuela se preocupen por leerla. A veces me dicen que no les aceptan porque no tiene documento todavía, pero hay una parte de trato digno de la ley, donde dice que por el solo hecho de elegir el nombre propio se les deben respetar. Esto tiene que estar en los carteles.

También creo que con esta campaña se pueden enterar muchas personas que todavía no tienen visibilidad. A veces me llegan fotos de Estados Unidos, de un activista trans muy reconocido, Ryan Salas, o por ejemplo ahora, me están hablando de una campaña y que se sume toda la gente del Caribe.

Que cada persona que se saque la foto conozca. La foto es la excusa, para que vos te enteres. Si lo consentís, estás apoyando. El objetivo es que llegue a los demás e informar. He tenido muchas charlas con personas trans por la necesidad de saber.

Todo lo de la campaña lo hago yo sola desde mi casa. El evento que se hace este domingo en Casa Brandon es para juntar plata para la muestra. Lo estoy haciendo a nivel sociedad. Me encantaría hacer afiches, interpelar, poner en el común del barrio, de la ciudad. Me gustaría también, que después del Conti esa muestra viaje a otros lugares, a las provincias. Yo no me puedo quedar con los brazos cruzados, mi hija te pasa por arriba, yo tengo que estar a la altura de ella. Ella se come el mundo.

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Como siempre decís, esta lucha es de Lulú, vos la escuchaste en el momento justo y la estás acompañando. Sin embargo, a partir de que se conoció su historia muches padres/madres y adolescentes comenzaron a acercarse a vos tomándote como una referente por la lucha de los derechos de niñes trans… ¿Cómo sucedió?

La gente empezó a ver las notas, la primera fue en Página 12, o leyó el libro y empezó a decir: “A mi nene le pasa lo mismo”, o “Lo leí y pensé, es como Lulú”. Varios quedaron en el camino y eso me duele. Cuando yo empecé esto había dos o tres nenas de provincia y de capital, que no volvieron y yo sé en mi corazón que están viviendo una vida que no quieren, por sus padres y madres. ¿Sabés lo que es hablar con un nene por teléfono y que te diga, “yo me llamo Violeta y me gustan Las Moster”?, y que me pregunte cómo era Luana, que quería conocerla y que quería ser como ella. Y lamentablemente hoy sigue siendo Juan Carlos. Esa no a la verdad. Hay familias que se han acercado a la CHA, pasan meses, vuelven y, te dicen,“No, no puedo”. Esa criatura, ¿dónde queda? Todos se pueden juntar y encontrar pares, lesbianas, gays, bisexuales, trans, pero les niñes están en un peor lugar porque dependen de los adultos, del golpe, del grito. Crecen en una confusión, desde lo que les dicen y lo que sienten, desde lo que les van inculcando y desde lo que les pasa. Muchos no terminan bien, les quedan secuelas. Una chica, en el encuentro de mujeres trans, me dijo: “Me abrazaste y te abrazó la niña que yo no fui”. Me emociona muchísimo que me manden fotos por Facebook de nenas y nenes y que me digan: “Mi nena es quien es gracias a vos y a Luana”, gracias a la nota que leí, a tu historia.

Estuve casi un año, desde que salieron nuestras notas, nosotras recién habíamos sacado el DNI, hablando con una mamá de Chile. Hoy la nena da charlas, yo no lo comparto. Cada cual hace la lucha como quiere, como le parece correcta. No sabés lo agradecida que está. Nos fuimos uniendo, lo mismo que con la mamá de otro nene, él obtuvo su DNI un año después que lo obtuvo Lulú.

Una vez vi una chica trans en el tren y la seguí como una loca. No sabía cómo hablarle. Yo quería que me dijera qué necesitó de su mamá. En ese momento Lu todavía vivía como varón, pero yo ya estaba viendo qué podía hacer para adelantarme. Ahora me río, pero era desesperación. Y ahora, cuando veo en el diario que hay diez nenes más… Me parece que hay un poco más de información, para les niñes que ya lo manifiestan, los papás ya están en alerta. Antes, podían pasar años manifestándolo y les madres y padres no sabían. ¿Sabés lo que son dos años en la vida de una criatura, día por día sufriendo? Luana fue muy intensa, no había un día que no me lo dijera. No era un juego. Enterarnos que hay más niñes le hace la vida más natural a Lu. Ella sabe que no es la única en el mundo. Y te dan más ganas de seguir, ¡reafirma que vamos bien! ¡Mirá cuántes somos! Es un lindo cachetazo para la gente que en su momento habló de más…

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¿Conocés a otras personas/referentes que hayan luchado por lo mismo?

No. Ahora sí, pero antes no. Por más que las personas trans dijeran que desde niñes se sintieron así, o como Flor de la V ha dicho: “Desde que tengo uso de razón”. ¿A quién le importa? Conozco ejemplos de mamás que han visto esto en sus hijes y, si siempre lo supieron, ¿por qué no hicieron nada? ¿Por qué no lxs ayudaron? La camada nueva sabe de qué se trata. De los treintipico para atrás, les chices, cada une en su casa no sabían lo que les estaba pasando. Decían: ¿Estaré loco, qué me pasa? Cuando vi La chica danesa, me hizo muy mal, tuve un ataque de llanto. A la vez me da alivio darme cuento de lo que la salvé a Lu. Ella dice en un momento, ¿estoy loco? Estaban por internarla en un neuropsiquiátrico. En ese momento, para un hombre decir que era una mujer era patológico, se lo llamaba desdoblamiento de personalidad.

También hoy en día las organizaciones pelean por los derechos que faltan, pero creo que deberíamos ir hacia la raíz. Antes el tema era inalcanzable, pero hoy en día se puede luchar desde la infancia. Ya hay niñes trans viviendo como quieren vivir.

En octubre van a hacer 3 años que Luana obtuvo su DNI, y ahora ya hay más lugares que tienen acompañamiento para familiares, que es lo que yo también pido. No es solo acompañamiento para la persona trans, es para toda la familia, que pone tanta expectativa en ese bebé que va a venir. Se le elige nombre, se le pinta el cuarto de un color. Cuando el/la bebé nace ya están diciendo de qué va a trabajar, si se va a casar, si va a tener hijes, lo que va a estudiar. Entonces cuando ese bebé hace otra cosa, desilusiona. Pero, ¿por qué? Porque vos sos un egoísta que dice, “yo espero de tu vida tal cosa”. Como no lo hacés, me desilusionaste, me lo hiciste a mí, ¿en qué fallé? Si encima les decís: “Yo no soy esto que ves”, les explota la cabeza.

Nosotres no sé cómo sobrevivimos, pero si no dábamos la cara, este tema no se instalaba.

Es un desgaste con la misma familia. Algunas mamás, me cuentan que los mismos primites no quieren jugar con elles. O sea, te tenés que separar de tu familia, si no te aceptan, si no comparten lo que estás haciendo y además, darle la fuerza a la criatura. Yo la dejaba cuatro horas en el jardín y era como dejarla en la jaula de los leones, la torturaban. Pero tampoco podía dejar de escolarizarla.

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¿Cómo vivieron los cambios de Luana en el jardín?

Le inventé cada cosa a Luana para que sobreviviera el primer año de jardín. Le decía de todo a ella, “Vos pasá estas cuatro horas, que cuando vayas a casa tenés tu vestido, tu peluca, tus muñecas, ¿acá?, no importa, que se crean que sos un nene”. Y después cuando hizo la transición, qué gente mala, qué ignorantes… la torturaron mucho. Padres, maestras, y los nenes, repiten lo que les dicen en las casas.

Yo hablo esperando el rechazo. Con mis propias amigas que tienen hijos varones de la edad de Luana, que la aman, un día les dije: ¿Y si tu nene se enamora de Luana? Porque es muy linda la lucha, cuando no me toca, no me atraviesa, y se me quedaron mirando. Porque sabés en qué están pensando, en cómo se van a relacionar sexualmente y en dónde va a quedar parado su hijo con una nena, que tiene pene. Pero no está mal que lo pienses, pensalo, les digo. Si el de día de mañana Luana tiene una relación con un varón, va a ser una relación heterosexual. De ahí a cómo se relacionen con los cuerpos, problema de elles. Tu hombre no va a dejar de ser el macho del barrio.

Yo ya me desestructuré. Una vez fui a un encuentro de Psicoanálisis en Mar del Plata y un psicólogo me dijo, “Vos la pariste a Luana, pero Luana te parió a vos, parió a la madre que sos hoy”. Esa nena me desarmó de todos los miedos y tuve que empezar un camino nuevo conmigo misma. Empezar desde cero con otras realidades que yo no tenía contempladas, ni me imaginaba. Porque en todo lo que tiene que ver con sexualidad la gente se enrosca demasiado. Si yo hubiese tenido una nena que le faltaba un brazo, tendría veinte prótesis en mi casa, pero digo que la nena tiene pene y la mitad sale corriendo. ¿Por qué? Porque tiene que ver con la sexualidad y, ¿sabés cuánta gente hay que no tiene su propia sexualidad resuelta? Eso es lo que jode, ¡la nena la tiene! Luana tiene novio en la escuela, pero el nene no lo sabe (risas).

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El documental Yo nena, yo princesa trascendió las fronteras nacionales y se sigue proyectando en diversos espacios. ¿Cómo surge la idea de hacer un documental? ¿En qué festivales estuvo?

El documental vino antes que el libro. Llegó un día a la Marcha del Orgullo, allá por el año 2012 y le llevó a Valeria Paván la muñeca de Luana a la que yo le había hecho un pene. No sabía si iba a estar bien. Y me dijo: ¡Ay, es una barbie trans! Ahí me contó que iba a dar un seminario de transexualidad y me dijo que necesitaba mi testimonio, como también los de toda la gente que pasaba por el consultorio. Iba a ser para un área privada de psicólogos y psiquiatras. La entrevista que después se convirtió en el documental la grabamos con una amiga de ella en un estudio por Palermo. No tuve dudas en decir que sí. Para ese entonces nos habían negado el DNI, había salido la Ley y habíamos hecho el trámite a los dos meses. Me senté en una silla, Valeria se puso del otro lado, y empezó a hacerme preguntas, después eso se editaría. En ese entonces no la nombraba mucho, trataba de no dar datos, porque no sabíamos todo lo que iba a pasar. Muchas cosas no las contamos por este mismo tema. Después de que Valeria lo tenía grabado pasó un año, y a Lulú le entregaron el DNI. Ahí fue cuando me dijeron de escribir un libro, yo ya lo tenía escrito. Tenía todo en uno de esos cuadernos de Avon y lo tuve que transcribir. Mientras dejaba a les nenes en la escuela, todas las mañanas lo hacía. Lo dejé tal cual. Yo no tenía idea cómo era un libro y así lo mandé. Creía que lo iban a editar, pero cuando lo tuvieron, me dijeron: “Así sale”. Una vez publicado, a Valeria se le ocurrió que podíamos presentar el documental y apareció la oportunidad de mostrarlo en el BAFICI. Yo no sabía lo que era el BAFICI en ese momento, pero pensé, todo lo que sume para difundir, informar, ¡mucho mejor! Valeria me preguntó si la autorizaba a ponerle el mismo nombre que el libro y así lo registramos a nombre de las tres, junto con María Aramburu. En el festival había quedado en mediometrajes, entre las películas de Derechos Humanos.

Cuando fui a verla, no había entradas, estaban todos los días agotados, la sala llena. Cuando me vi hablando en la pantalla gigante, en un cine de Recoleta, no lo podía creer. Y de ahí, lo presentaron en Chile, en el festival FIDOCS, Festival Internacional de Documentales de Santiago; en México, quedaron enloquecidos allá. Después fue a un festival en Amsterdam, y quedó ternado entre los tres mejores mediometrajes por los DDHH. Después fue a Suecia y está como material obligatorio en las escuelas. Entonces me pregunto: ¿y acá? ¿Y en la escuela de Luana? ¿Y en este barrio? Eso también me llevó a hacer la campaña. Está afuera y tuvo muchísima llegada, está en escuelas para reeducar. ¿Y acá?

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¿Qué medidas creés que el Estado debería tomar?

Para la gestión pasada estaban tramitando pasarlo en Canal Encuentro, para que sea algo masivo. No como nosotras, que con mi libro lo tenemos que andar llevando para algunas personas. No, ya que el Estado le dio un DNI, que se haga cargo. Que se haga cargo de difundir la historia de les niñes trans, que se instale. Nos quedamos en el camino, como con la guía del Ministerio de Educación. Llegamos a participar y colaborar en este tema. Junto con el libro y otros estudios, iban a sacar una guía como la ESI, pero de Diversidad e identidad de género, en las escuelas. Quedó en un borrador. Esto hay que hacer, algo masivo. Me habían dicho que iban a hacer que el libro fuese en las cajas que van a las escuelas como bibliografía obligatoria, para que los docentes pudieran trabajar con él. Quedó en la nada.

Difundir es hacerse cargo. Hablar de este Gobierno actual, no me da ganas. Es medio imposible. Pero si soñamos con lo que correspondería, es justamente eso, informar, así como también se hicieron cargo de reglamentar el Artículo 11 que corresponde a reglamentar la salud integral. La gente va a reclamar lo que ampara esta Ley y esto no tiene que quedar para un par de nenes que vayan a pedir el documento. Ya que estuvo la noticia de esta nena, y de otras nenas, y fue a nivel mundial. Tienen que hacerse cargo de empezar a difundir el tema.

El Estado tiene que asegurar que más allá de ese DNI, Luana tiene un cuerpo, y ese cuerpo tiene que verlo un pediatra que no está preparado para verle. Entonces te corresponde a vos como Estado formar a ese profesional para que reciba a esos nenes y nenas y a todos y todas. Yo seguí peleando inclusive teniendo ya el documento.

El libro era el primer registro en el país, y obviamente que internacionalmente hay otros libros, escritos por psicóloges, psiquiatres, pero del día a día de esa nena, esa transformación, de esa lucha, no hay. La guía para las escuelas era fantástica, ahí el Estado se estaba haciendo cargo de que este DNI no quedará en la nada, había una reeducación para les docentes. Cuando hablaban de reeducar yo también decía: ¿Y por qué no les formamos? Vamos a los institutos de formación docente con el libro, con charlas, con el documental, eso estábamos proponiendo. Si este libro pasa por una de las materias, cuando vos llegás a les nenes, ya llegás sabiendo. Eso hace falta, formar y des-formar. Hacer un censo y preguntarles a mil personas trans, de menos treinta años, ¿cómo les fue en la escuela? A ver si la maestra los escuchó, a ver si pasó por acoso. Porque si eras afeminado eras el puto de la clase, no eras una nena. Luana hubiera sido eso. Se necesita capacitar, que haya materias en todas las carreras, psicóloges, médices, en la zona de salud todo. Todes necesitamos todo. Me han llegado a preguntar si esto no era contagioso para les demás nenes. Luana para elles se disfrazaba. Que hoy una maestra me diga: “En mi clases ahora los nenes y nenas se forman como quieren”, y que ya no haya rincones de juego específicos para cada une, eso, lo logró Lulú, esta historia. Antes a ningune maestre se le ocurrió descontracturar los juegos, las filas.

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Estuviste presentando el libro, publicado por el sello de la Universidad Nacional de General Sarmiento, seguido de charlas en varias universidades y espacios de formación docente ¿En cuáles estuviste? ¿Cómo han sido estas experiencias?

Estuve en muchísimos lugares. En la Facultad de Filosofía y Letras, en Derecho de la UBA, en Psicología. En Derecho de La Plata, y en Periodismo y Comunicación. En la Universidad de Avellaneda, en la de La Matanza. En otras provincias como Tucumán, Santiago del Estero, en Entre Ríos en la feria del libro de Paraná, en Santa Fe, en Psicología, de Rosario.

Es maravilloso porque les chices van con unas ganas, te quieren comer. Las primeras presentaciones te miraban con un poco de desconfianza, como diciendo “a ver, qué tenés para decir”. En la de Rosario fue muy hostil, si hubiera tenido una motosierra era mejor, tenías que entrar rompiendo paredes. Era muy estructurado, psicóloges, lo bueno fue que se propagó muchísimo. Le abrís la cabeza a una persona que está estudiando, no solo para que siga estudiando el tema, sino para que cuando se reciba, tenga acceso a tener otra visión y si mañana te cruzás con un nene o nena, sepas qué hacer.

Esas charlas son optativas, en algunas ni sabían de qué íbamos a hablar. Había cierta resistencia, porque, yo soy el que estoy estudiando y en mi carrera esto que vos estás contando no existe y después de una hora de charla les van cambiando las caras. No hay quien no se ponga a llorar, se empiezan a conectar con el tema. Muchas veces digo, ¿cuántos futuros y futuras mamás hay?, y ¿qué van a hacer con sus hijes? Hablo desde el corazón, no estoy dando una cátedra. Estoy dando una experiencia de vida que nadie me puede decir que no la viví porque me pasó a mí, a nosotras.

Los libros explotan en las universidades, hay un hambre, una necesidad de saber.

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¿Tuvo mayor difusión el libro que el documental?

Sí, en ese sentido llegó más el libro, sobre todo en las universidades. He tenido gente que viene con el libro subrayado y lo estudian. Eso es fundamental, gracias a este libro ahora empiezan a saber cómo manejarse con un niñe en el consultorio. Un psicólogo infantil en veinte años, o une maestra, con un curso de veinte chices por año multiplicalo, ¿pensás que en todos esos años no va a pasar una nena que le diga  algo así? ¿Cuántos niñes salvamos?

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¿Fuiste a la Facultad de Medicina?

No he tenido el gusto aún. Sí me han dicho, estamos tratando de que ahí o en tal hospital vayamos a dar una charla. Hasta ahora mayormente en Psicología, e institutos de formación docente. En Mar del Plata, o acá en Moreno, muchísima gente ha ido, aulas repletas. En el Senado de la Nación también, pero a Medicina no hemos llegado. Tampoco me es fácil. Trabajo vendiendo comida, si yo dejo de trabajar un día y tengo que ir a dar una charla, pierdo mi trabajo. Y eso es lo que nadie todavía entendió. Si viajo hasta pleno centro y después tengo que volver acá, sabés lo que es. Todo el día entero viajando, tampoco tengo con quién dejar a les nenes, muchas veces. Me he encontrado pagándole a una niñera para ir a dar una charla. Llegó un momento en que dije, este año no lo voy a hacer. Me genera todo lo bueno del activismo, que esto se transmita, pero económicamente me destroza. No puedo hacer todo sola y si encima, mínimamente, no me costean el viaje, o algo, lamentablemente no lo puedo hacer. Quieren saber la historia de Luana pero nadie se pregunta con quién se queda cuando yo me voy, ni si tiene zapatillas.

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Surge la preocupación también, por pensar en la representación que se hacen de les niñes trans en la televisión, sobre todo en países como Chile, Estados Unidos…

No hace falta mostrar, siempre se quiere más. El morbo televisivo, consumir. No me parece, no lo comparto. Miren, pasen a ver. Con las fotos en su momento no se la mostró, porque es menor y segundo, todo el mundo quería ver para creer. No tenés que ver, tenés que respetar. “¡Mostrame la foto que quiero ver si parece nena!”, sensacionalismo. Por otro lado al ser menor, desde la defensoría jurídica de menores me lo han dicho, cosa que en Chile por ahí no pasa. Más allá de lo legal, no tengo que andar mostrándola para que se crea la historia. No lo voy a hacer. “La nena trans”, como si fuese un mono de circo. No lo van a hacer para que la historia se conozca y sirva, lo hacen desde ese lugar. ¿Por qué con Valeria llevamos el documental y el libro a todos lados? No quiero que hagan lo que se les dé la gana. Después del libro y del activismo hay otro respeto.

Tampoco la quiero exponer llevándola a las actividades. Prefiero que se quede jugando a las muñecas. Hay gente que va, que te apoya y quiere saber, pero hasta me ha llegado a pasar que me han perseguido después de dar una charla diciéndome que ¡había que exorcizar a Luana! Mirá si yo estaba con la nena… también que hay preguntas demasiado duras para que ella escuche. La gente tampoco mide el ¡Ay, es Luana, a ver, a ver! Yo a veces llego a casa desgastada. Imaginate, ¿qué le podría pasar a Lu? Aunque sea para bien, queriéndola abrazar, o saludar, ¡tiene 8 años! Es mucho para una criatura, elijo protegerla de esa manera. Prefiero que crezca tranquila y que ella después vaya eligiendo qué hacer.

Me encantaría llevarla a los Encuentros de Mujeres Trans, o a las Marchas del Orgullo, pero todavía es muy chiquita y es mucha información de golpe. Hay chicas que en ese encuentro me han dicho: “Que Luana cuente conmigo para lo que quiera”. Y tiene un montón de amigas trans, Sabri, Mica, son como sus tías postizas. Luani está creciendo acompañada. Yo quería que se rodeara de ellas, no que se imagine cómo va a ser de grande, que las vea y que sepa que el día de mañana ellas van a estar para ayudarla.

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Foto de Gabriela Mansilla: Vero Capriglio

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