Investigar para transformar

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Por Anabela Mariel Morales

Últimamente hemos asistido a ver con mayor frecuencia un tono violento que manejan las publicidades que se emiten en la televisión, que apelan a un tipo de violencia que no se manifiesta mediante golpes, ni escurriendo sangre por la pantalla, sino valiéndose de artilugios mucho más sofisticados. Así, la violencia simbólica, se reproduce indiscriminadamente en un lugar que deja reducidas a las mujeres al espacio doméstico, a las tareas del hogar y al cuidado de los más chicos, de la mano de un aspecto jovial y despampanante de sensualidad.

Para profundizar en el tema, se ha realizado una investigación que se encarga de analizar justamente esta conducta que estigmatiza y promueve los estereotipos del sexo femenino. Guillermo De Martinelli, profesor del área de Metodología de la Investigación en la Universidad Nacional de Quilmes, llevó a cabo junto al sociólogo Paúl Di Tomaso y bajo la coordinación de Marina Martínez Acosta, licenciada en Ciencias Sociales y Educación, un informe en conjunto con el Consejo Nacional de las Mujeres que retrata la violencia simbólica ejercida de forma indiscriminada en las publicidades televisivas. Este trabajo recibió un premio en la categoría Gráfica – Textos, del concurso Otra vida es Posible.

¿Cómo nace este proyecto? ¿Tenías alguna relación con el género?

Guillermo De Martinelli: En mi caso llego a los estudios de género un poco por el costado, hace unos años colaboré con una persona que hizo una encuesta sobre violencia de género y para ese entonces tenía todos los resultados de la base que ya había armado; un día les propuse a mis alumnos y alumnas mirarlos para ver qué les parecía y cuáles eran los problemas que tenía la descripción de ese concepto de violencia de género. En ese momento, mientras se recopilaba información, apareció algo muy interesante, un trabajo sobre la violencia en la televisión, entonces se nos ocurrió combinar la violencia de género que veíamos en la encuesta con la violencia que aparecía reflejada en la televisión.

¿Cómo continuó el curso de la investigación? ¿Qué pasó con los datos obtenidos?

Teníamos pensado segmentar y armar una especie de rubros: rubro noticiero, rubro entretenimiento y el rubro publicidad, que era algo que está todo el tiempo pero no había sido demasiado trabajado. Y además teníamos algo a favor nuestro, que las publicidades son tiempos breves que a uno le permitían trabajar. Entonces empezamos a definir un poco más el tema y nos quedamos trabajando con la definición: La violencia de género en las pautas publicitarias. Profundizamos un poco el concepto que entendíamos nosotros por el tema violencia de género. Utilizamos autores como Rita Segato, Pierre Bourdieu, Michael Foucault. Nos dividimos el trabajo por bandas horarias, y en cada segmento once personas comenzamos a mirar la televisión cada uno un canal de lunes a viernes. Con la información obtenida armamos indicadores en base a lo visto, por darte un ejemplo: la mujer asociada al espacio doméstico, la mujer relacionada a aspectos emocionales y el varón apareciendo como la voz oficial. Con esto, nos fijábamos la regularidad con que aparecía y lo marcábamos.

¿Cuáles fueron los primeros resultados que arrojó la investigación?

En primer lugar, los canales no tienen una política sobre las publicidades, ni tampoco una política de género, solo les interesa tener la publicidad; tampoco les importa a las empresas que fabrican estos productos. Además en algunas de ellas aparece como una suerte de trasgresión.

¿En qué tipo de publicidad la carga de violencia fue mayor? ¿Hubo alguna represalia posterior a la emisión?

Los productos de perfumería tienen una carga importante de violencia simbólica, eso se ve claramente, de hecho suele pasar que la publicidad aparece una sola vez, pero el mensaje que transmite es tan fuerte que hace que en nuestras cabezas quede resonando. Hay llamados de atención a programas determinados, para que bajen los decibeles de violencia simbólica y esto aparece como un gran logro; lo que se hace es llamar a una reunión y ver qué tipo de castigo se le puede aplicar a un canal o programa en particular, pero son casos aislados.

¿Hubo cambios en las personas que integran este estudio a lo largo de la proyección?

Cuando empezamos a armar el proyecto y a visualizar las primeras publicidades uno de los alumnos era una persona mayor. Se sintió abrumado y comenzó a pormenorizar cosas que creía que no eran violentas, porque ya las tenía naturalizadas. De hecho, cuando hicimos el reparto de las franjas horarias, aclaró de antemano que los viernes no iba a poder estar disponible porque se juntaba a comer un asado y mirar el partido. Sin embargo, cuando terminamos  el curso, reconoció que su mirada con respecto al tema cambió totalmente.

Ustedes, ¿proponen alguna solución con los datos recaudados?

No hay una propuesta definida, pero sí se conversa, si estamos haciendo esto, qué deberíamos hacer para cambiarlo. Falta mucho por hacer, está la ley de violencia de género, faltaría todo lo que tiene que ver con la aplicación, acá solamente estamos mirando una parte, una parte de la ley que contempla la violencia mediática. En el caso que se inviertan los roles de los géneros el primer impacto que tendría sería el de trasgresión ¿Qué hace esta mujer hablándome de mecánica? Creo que la publicidad libre de violencia de género puede funcionar.

Imagen: Paula Saldaqui

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