MMA. Entrevista a Paloma Fabrykant
Por Nadia Beherens
“No soy una bailarina, no me entretengo haciendo esto. Nací para ser luchadora. Tenés que tener un espíritu guerrero para desarrollar esto. Está en mi corazón pelear.”
Sarah McLeod, luchadora estadounidense de MMA.
“Cuando sea mayor estaré entrenando a otras chicas, para que los barrios se llenen de superheroínas y no tengamos que tener miedo nunca más”
Teresa, boxeadora keniana de 13 años.
Por su inteligencia, humildad y emoción a la hora de relatar peleas en la TV, Paloma Fabrykant se hizo conocida en toda latinoamérica como la voz y referente del MMA (artes marciales mixtas, siglas en inglés). Escritora, periodista y artista marcial con 6 peleas en su récord, su libro sobre esa disciplina pronto saldrá publicado por Ediciones B. En su testimonio vislumbramos la relación necesaria que existe entre lo femenino y el deporte. Cómo es entrenar como una fiera.
¿Tabú?
Los medios de comunicación, encargados históricos de la estereotipación popular, no se quedan sin analizar el MMA femenino como una rareza o algo indebido. Nat Geo, por ejemplo, emitió un especial en su programa “Tabú” sobre esta disciplina y las mujeres que la realizan. Es difícil pensar el octágono como territorio para estos cuerpos, sin embargo esta actividad está muy lejos de ser considerada algo prohibido. Según Paloma: “El fútbol o el hockey, que lo practican muchas mujeres, son deportes de contacto. Las que lo hacen son aguerridas, mujeres fuertes. Una mujer que hace deportes está acostumbrada a las lesiones, al entrenamiento, a desarrollar musculatura. Aunque no haya contacto, por ejemplo como en el tenis, te vas a lesionar, te tenés que preparar fuerte, vas a dejar de ser un poco delicada, super sensible y frágil, como es el estereotipo ya pasadísimo de moda de lo que tiene que ser una mujer. Si además de ser deportista fuerte, hacés un deporte de combate ya claramente no estás siguiendo el patrón de lo que se espera que sea una mujer, porque son deportes que directamente buscan pelear, someter si se trata del brasilian jiu jitsu, knockear si se trata de kickboxing. Estás buscando daño sobre el otro. Entonces muchos piensan que la mujer que hace eso es menos femenina. La revolución sexual existió, hay un cambio fuerte desde que se sale a trabajar o desde que se vota. Parte de esa historia y cambio implica que hoy la mujer pueda hacer un deporte de combate. Siempre hubo mujeres que se bancaron solas, que fueron cabeza de familia, que dominaron, la mujer fuerte no es una novedad. Sí lo es que vaya tomando territorios que en principio eran reservados o exclusivos de los hombres.”
Defender el propio cuerpo
“El arte marcial funciona a muchos niveles. Empezando por lo físico, que es simplemente aprender a conocer tu cuerpo a través del ejercicio y del esfuerzo. Te empezás a dar cuenta que para tirar una pelota lejos necesitás usar el hombro, o que para correr fuerte vas a usar las caderas. Son nociones que tienen que ver con la propiocepción y que las vas a tener cuando te esfuerces. Un arte marcial, te va a enseñar a defender tu propio cuerpo además de conocerlo, y esto es algo fundamental. Ya no me acuerdo lo que es no saber ningún arte marcial, pero muchas chicas andan con miedo por la calle. No digo que por empezar 3 veces por semana taekwondo -que es lo más fácil que hay a nivel arte marcial- te vas a poder defender en un robo. Pero te vas a sentir distinta, vas a conocer como reaccionar para salir corriendo, o sacarte a un tipo de encima y correr. Vas a tener reacción por hacer cualquier arte marcial, de pie o de piso. Para mí el más efectivo es el jiu jitsu porque el ataque hacia la mujer en general busca el cuerpo a cuerpo. En un afano el hombre tiende a agarrar a la mujer y sacudirla y es muy común el ataque sexual. Si se trata de esto, es común que el hombre busque las posiciones donde si sabés jiu jitsu estás más cómoda. Si el tipo te abre las piernas y se te mete en el medio, se metió en tu guardia, y desde ahí sacás una llave de brazo o un triángulo para provocar asfixia. Cambia mucho la cabeza, da mucha seguridad, da otra noción de lo que con el cuerpo se puede hacer, que se puede defender, que puede atacar, de que no se es más una víctima. Hay chicas que pesan 45kgs y que son una máquina, que luchan con minas grandotas o con hombres. No hay que tener miedo porque una sea pequeñita o menuda, todo eso se va y se entra a un mundo donde se tiene más seguridad personal y eso se extrapola a la seguridad de las relaciones interpersonales de todo tipo, a la hora de hablar, a la hora de plantarte, de como te parás o te sentás en cualquier sitio y en donde sea. Te da otra cosmovisión.”
La educación sentimental
Paloma cuenta que hacer artes marciales también tuvo que ver con un rompimiento de la estructura familiar que la posicionaba únicamente en un ámbito intelectual: “La tensión entre parecerse y diferenciarse con los padres va formando la personalidad de cada persona. Y esta tensión la tengo muy presente porque tengo una mamá escritora (Ana María Shua) y un padre fotógrafo (Silvio Fabrykant). Mi familia es muy cerebral y muy lectora, se olvidó del cuerpo, y esa falta la sentí porque era gorda, sedentaria y torpe. Esta cuestión de no saber cómo pararte o no darte cuenta que estás encorvada, cosas que van más allá de la belleza personal y que tienen que ver con el conocimiento de una misma, que encontré a través de las artes marciales. Tuve mi pequeña rebelión de decirme ‘mamá, papá, se olvidaron de la mitad de mi educación, porque yo no soy un cerebro’. Sentía que me habían criado como un cerebro divino encerrado dentro de una cárcel que no maneja. Entonces hice una ruptura grande ahí, pero a la vez al pasar la adolescencia me doy cuenta que es lindísimo que me hayan enseñado a amar los libros o a expresarme a través de la palabra.”
Sin lugar para las débiles
Luego de una lesión en su última pelea que la dejó afuera de la jaula, Paloma sigue entrenando aunque no cree que vuelva a pelear profesionalmente: “La mano derecha no quedó bien, los nudillos no están alineados. Para la vida cotidiana es una mano, pero para pegar no. Es un deporte muy duro el MMA. Al no haber tantas mujeres haciendo esto, hacía sparring (combate de entrenamiento) con hombres y ya me rompía toda. El hombre por más que tenga buena leche y te quiera cuidar, tiene una fuerza mucho más grande. El que no sabe nada, el que no es profesional es el que más te va a lastimar porque no se da cuenta de la fuerza que tiene y cómo te puede poner. Pero yo que entrenaba con chicos que son profesionales, de todas maneras sin querer me lastimaban. Al entrar en un nivel en el que les podía llegar a dar un poco de peligro, más cobraba. Durante los sparrings me rompí la nariz. En mi última pelea, el guante me iba muy grande, entonces no podía cerrar bien el puño, pegué un over (golpe boleado por encima, no recto) que dió en el hueso frontal, mi rival cerró bien la cabeza porque le pudo haber entrado en la nariz. Con la mano medio cerrada, el impacto hizo que se me empiece a fisurar. Después seguí la pelea, y con cada mano que metía se fueron desplazando más los huesos. Cuando bajé me tuvieron que cortar el guante porque mi mano era una pelota sin forma. Me la intervinieron dos veces, me pusieron varillas de metal y un yeso gigante que tuve por dos meses, lo que era bastante impresionante porque parecía Wolverine. Estoy entrenando, pero lo voy a pensar dos veces antes de subir. Volvería a subir si fuera un evento muy grande que me pagan muy bien, en el que realmente hago un super regreso porque lo vale, pero para pelear porque quería pelear, por dos mangos como antes, no.”
Somos pocas y nos conocemos mucho
El alto rendimiento y entrega que exige el MMA hacen que el circuito femenino sea muy chico, pero de todos modos relativamente serio: “Las chicas que pelean nos conocemos, nos hemos cruzado unas con otras. Eso le da una seriedad al circuito. No son pibas inventadas que no aparecen en ningún lado, pelean y se van. Hay chicas que ya tienen siete u ocho peleas. La que más peleas tiene es Laura Balin que de pronto ha peleado con la misma rival que peleé yo, y si no nos cruzamos es porque ella bajó de categoría. Hay un circuito de diez chicas como mucho, desde 19 años a 35 años. Hay diferencia pero a todas les pasa lo mismo que a mí, se rompen mucho y no tienen otras mujeres para hacer sparring. Todas viven en diferentes puntos del país, cada una de ellas está sola y ganan muy poco. Nadie vive de esto. Por ahí tuviste un buen resultado pero no podés volver a pelear porque tenés que ir a la facultad o a trabajar, es muy sacrificado y tenés que tener muchas ganas de hacerlo realmente.
Tengo que mencionar a alguien que es importante para mí y que está haciendo gran carrera en Brasil, que es Silvana Gómez Juárez. Es quien más resultados está teniendo con un récord de cinco peleas ganadas y quiere pelear por el cinturón en el XFC (organización de MMA).”
Una ciencia del futuro
La novedad de este deporte y la escasa difusión y televisación debido al negocio de las franquicias, también refuerzan la permanencia de algunas estructuras que hacen que el MMA femenino se vuelva casi una excepción en nuestro país. Su configuración se va dando en el hacer. Incluso en Estados Unidos, donde la organización más grande de esta disciplina, la UFC, contó en su última performance con un combate estelar protagonizado por luchadoras femeninas. En esta pelea por el campeonato de peso gallo, la actual campeona Ronda Rousey hizo historia terminando la pelea con una llave de brazo a los 14 segundos, llevándose el récord de la pelea más rápida en toda la historia de este deporte. Considerada por algunos referentes como la mejor atleta de MMA trascendiendo su propio género, hoy por hoy, la campeona no tiene rival femenino de su peso que pueda disputarle el título.
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