Entrevista a La Nuestra Fútbol Femenino
Por Nadia Beherens
La Nuestra es una asociación que desarrolla el fútbol femenino y el acceso de las mujeres en el deporte. Desde el barrio Villa 31 en Retiro, las jóvenes y adolescentes buscan afianzar esas experiencias proyectando crear un club para integrar lo deportivo con otras áreas como la educación y la salud. Hablamos con dos de las directoras técnicas que promueven estas prácticas, Mónica Santino y Juliana Román Lozano. Aquí nos cuentan porqué el deporte es una herramienta sustancial para erradicar la violencia de género y el juego una forma de liberación y empoderamiento.
Juliana Román Lozano hace 5 años forma parte del equipo promotor en La Nuestra. Ella es antropóloga y en diciembre de 2014 se recibió de Directora Técnica Nacional de Fútbol, siendo la única mujer en una cursada con 85 hombres. Me encuentro con ella a las cinco de la tarde, mientras muchos chicos juegan en la cancha Güemes de la Villa 31, ocupando el gran espacio alfombrado de verde y abierto al paso hacia una avenida. A las seis, una colorida multitud de aproximadamente 30 niñas y adolescentes tiñen el lugar con su presencia.
La toma del espacio. Las Aliadas de la Villa 31.
“El proyecto sale desde del barrio a partir de que consideramos que las pibas hicieron un proceso político. También nos encontramos con esa narrativa que dice que esto pasó porque son villeras o porque estamos nosotras acá, pero en realidad lo que sustenta todo esto es la historia política y el recorrido que hicimos, de consolidarnos como grupo, de generar ellas mismas sus inferiores, de construir un nombre, un autoestima. Todo esto sale de la experiencia de la Villa 31 y lo que queremos es replicarlo en otros barrios y hacer el primer club que tenga como actividad principal el fútbol femenino. Hace más de 100 años los hombres abrieron sus clubes, lucharon sus espacios. Nosotras ya tenemos este recorrido político y entendemos que el fútbol también es político y que nuestro derecho a jugar tiene que ser garantizado. Vamos a luchar por eso.”
Abordar el deporte como actividad desde una perspectiva de género es una temática que muy lentamente viene haciéndose lugar en la agenda del movimiento de mujeres. Sin embargo, es una de la herramientas más eficaces para los procesos de empoderamiento. Juliana explica de qué manera jugar al fútbol resuelve una problemática de género: “En este lugar, el fútbol fue una herramienta para renegociar la toma del espacio público. Si bien hay un problema habitacional, nadie avanza sobre la cancha. Los sábados y domingos en este lugar hay un torneo de varones desde la época del Padre Mugica; todo pasa acá. El hecho de que las mujeres hayan podido tomar este espacio y que se considere ahora la cancha de las mujeres fue como hacer un ejercicio de ciudadanía y una toma del derecho de jugar y de ocupar ese espacio público. Por otro lado, lo que pasa con las mujeres cuando juegan al fútbol, es que se empiezan a identificar con este espacio, se empiezan a sentir bien a partir de que juegan al fútbol, pasa toda una cuestión con el cuerpo que tiene que ver con la autoafirmación, con el sentir músculos nuevos. Cuando podés hacer un pase, se empiezan a construir cosas en conjunto que te identifican y te hacen sentir segura. Por eso para muchas esto se convirtió en algo innegociable. Implica que el cuidado de los hijos tiene que ser compartido, o que si tengo hermanos, exijo que nos compartamos las tareas, porque ‘esto es para mí’. En el imaginario del barrio, antes solamente jugaban los hombres. Pero en las chiquitas que empezaron a jugar hace 2 o 3 años se naturalizó que la cancha era de las mujeres y que las mujeres podíamos jugar, entonces empezaron a venir y se convirtió en su espacio. Los chicos que tienen de 5 a 10 años van a crecer viendo que a las mujeres les gusta el fútbol, entonces ya no va a existir esta batalla que dimos nosotras cuerpo a cuerpo de luchar por el lugar y exigir jugar, en definitiva deja de ser como un tabú y el fútbol deja de estar tan masculinizado.
«El hecho de que las mujeres hayan podido tomar este espacio y que se considere ahora la cancha de las mujeres fue como hacer un ejercicio de ciudadanía y una toma del derecho de jugar y de ocupar ese espacio público».
Juliana Román Lozano
Esto es lo que pasa en el barrio específicamente. En el ámbito de la AFA (Asociación de Fútbol Argentino), que es de donde venimos quienes promovemos estas actividades, todavía se está tratando de encontrar un lugar. Pero la AFA está regenteada por hombres viejos que tienen un espacio de poder que no van a soltar y que no van a negociar. Y por eso hay que generar espacios nuevos. De ahí nace la idea de hacer un club, un lugar donde nuestras lógicas y maneras de hacer las cosas esté garantizado, donde quepamos todas y que no por ser mujeres tengamos que ser consideradas atletas de segunda.”
Mónica Santino es la mayor referente del fútbol femenino en Argentina. Jugó al fútbol desde siempre y también fue pionera en el activismo por la diversidad sexual, habiendo militado en los tempranos ‘90 en la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Terminada esa etapa, se federó en la AFA y jugó de 5 en All Boys, donde vivió en carne propia la discriminación y postergación que hace la AFA cuando al fútbol lo juegan mujeres. Desde el año 2007 entrena a las jugadoras en la Villa 31, derribando las fronteras del género en el deporte.
«Nosotras ya tenemos este recorrido político y entendemos que el fútbol también es político y que nuestro derecho a jugar tiene que ser garantizado. Vamos a luchar por eso.»
Juliana Román Lozano
Vivir su vida
Mientras veo el partido de las chicas más grandes, a quienes Mónica dirige, observo que deja que el juego ocurra, que no hay gritos ni exigencias. Su presencia es el cariño, la certeza y la mística. Le pregunto qué la mueve a llegar a este lugar a nivel personal: “Poder trabajar con fútbol, es haber encontrado mi lugar en el mundo, es lo que quiero y me gusta hacer. Cuando me recibí de entrenadora, la mayoría de la gente se pensaba que era un capricho. Para mí, es poder juntar ser entrenadora de fútbol desde una perspectiva de género con trabajo social. Haberlo convertido en un trabajo es el logro más grande. No es que tengo un hobby, esto realmente es mi profesión, y para esto tuve que pararme desde el género, pensarme como mujer. Mi propia historia con el fútbol implica un montón de obstáculos que tuve que vencer para poder jugar, y lograr juntas en el barrio el espacio y el horario de la cancha es la conjunción de toda esta historia. Lograr esto en un lugar donde las mujeres tienen menos oportunidad y menos acceso del que yo tuve. Me convertí en una sujeta de derecho, lo que aprendo con las pibas todos los días es eso: a rearmar el derecho, a darle sentido y vivir la vida. Una tiende a resignarse a decir ‘no puedo’, y eso es como estar muerta por dentro. Venir acá los martes y los jueves es un compromiso con la vida y estar del lado de la vida, así. Es imposible abandonarlo, tiene que haber una lluvia torrencial o unos rayos que partan la cancha, porque si llueve también estamos.”
El machismo sigue operando de las formas más siniestras: se obliga a las jugadoras a ser sometidas a pruebas de género para que demuestren que son mujeres, algo impensado en las competencias masculinas. Las jugadoras más reconocidas presentaron una demanda ante un tribunal de Derechos Humanos, alegando discriminación sexual por el uso del césped sintético cuando debería ser natural, como lo exigen estos grandes torneos para evitar heridas graves, pero todavía nadie elevó ningún reclamo sobre estas pruebas abominables sobre los cuerpos. Las propias mujeres no se reconocen como inspeccionadas, no se ven como pares de quienes se asumen mujer, pero a los ojos de la heteronorma no podrían serlo.
La perspectiva de género en el deporte es un terreno a conquistar que se delimita con el cuerpo como herramienta de conocimiento, lo que implica comprometerlo, arriesgarlo, ver hasta dónde puede dar y hacer. Exige una valentía, romper con un campo de fuerza mayor. Pero también tiene que ver con el permitirse jugar, disfrutar de nuestras extremidades y encontrarse con otras y otros. Es importante que estas prácticas crezcan también por fuera de los espacios institucionales, para escapar de su mirada de control e imponerse luego con mayor fuerza, como lo hace La Nuestra.
Fotos: Luciana Radeland









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